Malas compañías

Pedrito

Hace un par de días se celebró el 58 aniversario del fallecimiento de Pedro Infante, uno de los más emblemáticos ídolos de nuestro cine y quienha trascendido de generación en generación.

Fue el primer fenómeno-fan en la historia del espectáculo nacional. Y a más de medio siglo, allá por el rumbo del Desierto de los Leones, en el Panteón Jardín, la tumba de Pedrito sigue siendo un verdadero santuario donde aún llegan cartas y flores; de vez en cuando, pero muy seguido, aparecen botellas de tequila.

En fechas trascendentes, como el 18 de noviembre o el 15 de abril, también acude un mariachi como si fuera la entrada de una humilde carpintería o la sala de una hacienda porfiriana.

Sobre Pedro Infante se ha escrito, analizado, debatido, conversado, idealizado y hasta mitificado; se han hecho canciones, homenajes, documentales, películas, plástica, teatro, artesanía, objetos utilitarios, exposiciones y memes.

Fue tan entrañable que muchas personas guardan recuerdos en torno a él, como el de mi madre, por ejemplo, quien nos ha contado que en su adolescencia vio al cantante apearse de un interminable convertible en una avenida del centro de la Ciudad de México: ¡lo saludamos!

En la capital mexiquense, el escritor Carlos Olvera narró que en 1950 el mismísimo Pedrito "dejó plantadas a hermanas, novias, madres, tías y abuelas" de la más rancia sociedad.

En "Pedro Infante en Toluca", incluida en Crónica Toluca (2013), el maestro rescató, muy a su estilo, la anécdota: "(...) se dijo que el galán de galanes iba a estar presente en la premier de la película en la cual debutó su hermano Ángel (...)".

Imaginemos: en Toluca, donde por lo general no pasa nada, de pronto Pedro Infante iba a estar al alcance de las toluqueñas de todas las edades, disponible para dar un autógrafo e incluso –oh, atrevimiento- para robarle un beso. La expectación en el sector femenino estaba al máximo nivel, se contaban los días y hasta las horas para el extraordinario acontecimiento".

Y es que el impacto de Pedrito fue tal que las mujeres coleccionaban fotos y discos, pasaban largas horas junto a la radio; querían un novio que les llevara serenata o que les cantara ¡Bésame mucho! Y los jóvenes querían ser los mil amores, tener un delineado bigote y la cintura estrecha.

Pedro ha dejado huella en el imaginario colectivo de muchas generaciones, huella que cada domingo sigue alimentándose en horario familiar.

Alguien en la palestra mediática de las redes sociales ha solicitado instituir el día de Pedro Infante. Sí, aunque haya dejado como novia de pueblo a las toluqueñas de aquellos ayeres.