Malas compañías

Margarita entre geranios

Margarita García Luna Ortega era tan de Toluca y Toluca era tan de Margarita que la ciudad ya se quedó huérfana. Se recuerda entre los geranios del Museo Taller Nishizawa, en esa vieja casona de la calle de Nicolás Bravo, que dirigió con absoluto cuidado por más de 21 años y en donde prácticamente se criaron a sus hijos Úrsula y Jorge.

A su oficina se entraba con facilidad porque Margarita atendida a todos por igual. Desde el pintor en ciernes, escritores, poetas, hasta a los reporteros. Sobre el escritorio había libros, periódicos y papeles: hojas bond o "revolución" escritas con una fina y pequeña (casi diminuta) caligrafía en manuscrito.

Margarita tenía una voz inconfundible, de sonido fino. Fue una mujer de muy buenas maneras. Discreta con sus triunfos. Con muchos afectos y que prodigó un inmenso amor a su familia. En su quehacer de difusión histórica fue disciplinada a la hora de escribir.

Tenía una agenda intensa que incluía conferencias y eventos especiales. También atendía de manera incansable la difusión de la obra del maestro Luis Nishizawa.

Era frecuente encontrarla en la hemeroteca de El Sol de Toluca por las noches, con la vista pegada a esas colecciones encuadernadas, hacia anotaciones y esbozaba sus crónicas. Andaba corre y corre en entrevistas o investigando en diferentes fuentes. Era recibida con muchísimo cariño en los hogares de las familias toluqueñas de raigambre, de quienes Margarita recibió todo el apoyo y la confianza para la recopilación de la historia local.

En su trajín de todos los días además Margarita tenía tiempo para escuchar a los amigos, para el consejo, para las enseñanzas, para demostrar su afecto. La recuerdo tan amiga de personas como la escritora Carmen Rosenzweig (qepd) o del historiado Alfonso Sánchez Arteche, de quienes Margarita fue casi como una hermana.

Amiga amorosa, te agradezco el afecto para conmigo y mi familia. Para el doctor Alberto Reverter.

En ese incansable quehacer de más de cuarenta libros y cientos de artículos periodísticos, su obra permanece como legado histórico para la ciudad que la forjó y a la que retribuyó con un inmenso cariño.

Nada menos que en breve será presentada la antología de textos históricos, titulado Una ciudad y dos causas sociales a través del tiempo. Se rescatan sus aportaciones sobre los sectores obrero y minero en el Estado de México, durante el siglo XIX y principios del XX.