Malas compañías

Madres

Son tan estoicas que apabullan. Así son en ese papel tan determinante y atávico de madres tradicionales. O aquellas cuya exigencia social les ha impuesto, además, esa responsabilidad tan abrumadora de ser dadoras, en ese aporte diario a la economía de un hogar.

Se multiplican en sus actividades. Se dividen el día entre el trabajo y la casa; pasan menos horas a lado de los hijos y, por si fuera poco, sufren y estiran la quincena para afrontar las necesidades.

Educan y reeducan en ese pequeñísimo lapso por la mañana o por las noches. Les inunda la frustración por llevar el hogar y estar al pendiente de éste, solo por vía celular: ¡ya verás cuándo llegue!, ¿cómo que se enfermó?, ¡obedece!

¡En la noche vamos a la papelería!, ¡el sábado lo compramos!, y esa retahíla de obligaciones que realizan cuando termina el horario del trabajo. Prolongan y arrancan horas a la noche.

Son las que se tienen que desprender del recién nacido apenas cumplen el permiso laboral obligado. Las que han conferido, muy a su pesar, el cuidado, crianza y responsabilidad a los abuelos, a la televisión y hasta a los videojuegos.

Ellas se sorprenden, se alarman, casi no duermen y quizá sueñen. Su día inicia interminable, como interminable es llegar a los días de paga para cubrir la colegiatura, tener para el autobús, el gasto diario, el lunch, para la tanda, la fiesta de cumpleaños, para el abono del vestido o los zapatos.

Ya sea en la soltería o con una pareja, en el hogar o en la oficina, en el rol tradicional o moderno, las madres son multifuncionales, capaces de lidiar con cualquier obstáculo: desde el "no sonó el despertador", pasando por un (a) jefe (a) terrible, y llegar a resolver el más intrincado de los "quebrados".

Van caminando, en autobús, en taxis o en coches. Confeccionan su vida y la de sus hijos, como los vestidos o disfraces que inventan para los festivales; hacen las manualidades del Día de la Madre y fungen como doctoras, enfermeras, choferes, árbitros de fútbol, dibujantes, hacedoras de maquetas, maquillistas, peinadoras. Y también son oficinistas, cocineras y afanadoras. Se angustian.

Abrazan, miman, regañan y malcrían. Aman.

Son tan humanas y ambivalentes. Saben afrontar la vida. Proveedoras y vivaces. Terribles, abrumadoras, sagaces, insistentes, precavidas.

Son tan estoicas.