Malas compañías

JEP

Fue en el año de 1994 cuando el escritor José Emilio Pacheco vino a Toluca a realizar una presentación literaria. La actividad cultural se realizó en el Museo de la Acuarela del Estado de México, que, en aquel entonces, estaba ubicado en el antiguo edificio del Gallito en Pedro Ascencio.

Me impactó su estatura y su personalidad. Los que asistimos a esa plática pudimos ver a un escritor enorme, atento, despojado de todo tipo de pose a lo de rock star, actitud tan frecuente en el mundillo de la intelectualidad. Con toda la paciencia, dejó que me hicieran una foto con él y firmó mi libreta de reportera con una frase generosa.

Con esa misma actitud, permitió que el reportero de Televisión Mexiquense y ésta, quien escribe, nos acercamos a hacerle una breve entrevista. Y habló de lo que un escritor habla aun sin que los entrevistadores fueran versados en el tema: sobre literatura.

Como lectora a José Emilio Pacheco le debo un acompañamiento solidario, genuino, sin cortapisa durante muchas horas de soledad: No me preguntes cómo pasa el tiempo. En esas horas en las que no Miro la tierra.

Le debo además ese estandarte (poema) que desde mi época universitaria terminó de perfilar alguno que otro pensamiento personal: No amo mi patria./ Su fulgor abstracto/ es inasible./ Pero (aunque suene mal)/ daría la vida/ por diez lugares suyos,/ cierta gente,/ puertos, bosques de pinos,/ fortalezas,/ una ciudad deshecha,/gris, monstruosa,/ varias figuras de su historia,/ montañas/ -y tres o cuatro ríos.

Las batallas del desierto y El principio del placer (tan freudiano). Nadie describió mejor la añeja colonia Roma, la nostalgia del barrio tras la modernidad y los perritos calientes. El metro Balderas (mítico y atávico) y la guerra de Vietnam. Los colores de Tlacotalpan, Veracruz y del bolero al rock pasando por el pachuco Tin-tan.

La cartografía histórica de México, la memoria, la fantasía y la imaginación. El tiempo tan demoledor, así como las cosas sencillas de la vida enmarcan la obra legítima del escritor.

En esa vorágine de la nueva industria editorial (con sus Harris Potter, sus cazadores de sombras, sus Paulos Coelho sus 50 sombras de Grey) se cuelan por los rescoldos algunos autores. Los que no soy moda, los que no están en la lista del bestseller. En las estanterías de la Casa de Libro, en Madrid, o de la Central en Barcelona (circuito de promoción tan acariciado por los autores en castellano), solo existen cuatro escritores mexicanos en exposición permanente (lo que llaman catálogo), es decir, a la vista del público: Juan Rulfo (con su Pedro Páramo), Octavio Paz, Carlos Fuentes y José Emilio Pacheco.

Tras esa ausencia dolorosa, José Emilio nos seguirá hablando de ese Viento distante.