Malas compañías

Gente de café

El café por la mañana es determinante. Guía pasos, emociones y, en pocas palabras, nos espabila para enfrentar la vida. Quién no revive con la primera dosis (o a manera rimbombante: carga) del día.

A veces uno se conforma con un simple café Legal o Nescafé (huérfano polvo-placebo) para despertar el cuerpo y también el alma, Aunque luego ese cariño cafetalero o esa adicción a la cafeína se pague caro con una noche de insomnio.

El primer sorbo de café es un lapso mágico y, en absoluto personal, solitario. Un prolongado momento de evasión o –llamémosle- un punto ciego de la realidad. Es (pongámonos existencialistas) una relación privada con uno mismo.

Ese primer trago del liquido es una suerte de un botón interno, un encendido de maquinaria, una señal tipo perrito Pavlov. Es un "en sus marcas, listos, ¡fuera!"

Hay muchos tipos de café: aromas, texturas, combinaciones, sabores. Todo este amalgama está determinado por el tipo de grano y la región de origen. Se requiere de un paladar experto para valorar (y evaluar) la calidad del líquido.

Pero, como soy una persona absolutamente normal –e incluso una simple mortal quien toma café para funcionar-, les diré que no soy tan exigente con lo que bebo. Eso sí, prefiero el café negro. A veces lo tomo con dos cargas y una delgada nube de leche, apenas unas gotas, algo que pinte, que corte; y como no soy mártir de la exquisitez, le agrego un sobre de sustituto de azúcar. (Con algo hay que endulzarse la vida).

A la hora de pedir un café no me gusta complicarme la vida. Me parecen interminables los tipos de café y leche (animal y vegetal) que ofrecen las grandes cadenas de cafeterías. Y confieso que no sé distinguir entre un latte, un café au lait, un mokaccino o un macchiato. Saben igual.

-Mi reino por un café negro-. Le sonrio a la joven barista. Uno sin florecita en el hervor del liquido. Un café que me ayude a plantar cara (y sonrisa) a la vida, le pido.

Un año y nueve meses: 639 días sin un cigarro. La vida descafeinada es absolutamente aburrida. Sí: soy gente de café (negro).