Malas compañías

Carreras locas

Sexenios van sexenios vienen.Promesas a raudales pero nadie ha podido contener al "pulpo" camionero.

Nadie ha puesto orden a sus tropelías a cada golpe de volante, a cada carrera "por ganar" el pasaje: a la indefensión del transeúnte frente a estos cafres del asfalto.

Accidentes consignados por la prensa hay muchos. Y siguen multiplicándose.

Cada semana un accidente de consecuencias lamentables. Cada día, cada minuto un rebase, la velocidad de rayo y los semáforos de adorno para quienes conducen el servicio público que con franqueza es obsoleto y peligroso.

Un autobús se ha convertido en zona de riesgo dentro y a fuera de la chatarra circulante. Arriba de la unidad hay desde la descortesía del chofer, hasta asaltos a pasajeros; incluso se han reportado abusos, raptos y violaciones a mujeres.

Abajo en su entorno próximo del armatoste, la vida del peatón peligra desde la acera hasta en la sala de su hogar: los habitantes de la casa que hace esquina de Ramón Corona y Nicolás Bravo en pleno centro de Toluca han sido víctimas reiteradas de la irresponsabilidad.

Carreras locas por el pasaje. Van hablando (o enviando mensajes) por celular; leyendo la nota roja, fumando; se atreven a cargar combustible con pasajeros; se pasan los altos, apuran el abordaje a personas de la tercera edad, avienta "lamina" a otros vehículos e inundan (y ensordecen) el interior y exterior con música. Son parte de las conductas irregulares a las que incurren los choferes.

Casos como los ocurridos a Diana Segura y Diana Herrera, ambas alumnas de la Universidad Autónoma del Estado de México, ponen en manifiesto –una vez más- que no hay nadie que ponga en cintura a las empresas transportistas y a sus conductores.

Solo las personas (los usuarios) que a diario hacen uso del servicio de transporte tienen conocimiento de lo que se vive a bordo de un autobús en Toluca.

No hay reglamentación y leyes que valgan a la hora de conducir un autobús. ¡Mucho privilegio!

¡Súbale, súbale!