Malas compañías

Carmen

El 9 de septiembre se cumplieron cinco años de la ausencia de Carmen Rosenzweig. La cotidianidad del librero de vez en cuando me la recuerda. Y alcanzo alguno de sus libros para leer alguna estrofa de sus poemas o algún fragmento de la prosa.

Carmen estás viva en tus libros, le comento con una sonrisa. La misma sonrisa que me provocaba encontrarla caminando en las calles de Toluca; en la coincidencia de un evento cultural o en el edificio del periódico donde colaboraba semanalmente.

Era frecuente encontrarla caminando por cualquier calle del centro de la ciudad. Pero reiteradamente la veía por Villada. La recuerdo en su paseo con una gabardina de color pálido: ¿qué haces tan tarde, Carmen? Anda sube que te llevo a tu casa. En el camino, me daba santo y seña de sus quehaceres, de cómo había sido su día. Ella, me preguntaba sobre el mío.

Hablaba de la última presentación de libro a la que había asistido, sobre tal o cual exposición, de sus talleres literarios, de sus poemas; me señalaba las casonas de Villada y me contaba sus historias. También hablaba del clima. Nada profundo en el trayecto.

Pero al dejarla en su casa de San Buenaventura, siempre, Carmen, se despedía con una de sus frases lapidarias: "la vida que da y la muerte que elimina lo dado". Y antes de salir del auto: "gracias, demonio". Su risa amorosa aún la recuerdo.

Carmen se conducía con lo que llaman un savoir faire inolvidable: solo yo sé mi vida porque yo la he vivido.

Ahí está tu Obrarreunida Vol. I y II (IMC, 1998). Pero Volanteo, hilera de tejas a cielo abierto (cuadernos de cara a cara, 1984) es un poemario entrañable y tan vigente.

"Volanteo IX. El agobio. No es necesario morir como en las historias fáciles. Pero en la individual del hombre común, hoy, en México, casi no se encuentra nada que dé cierto aliento a la vida. Enfrentamos una escasez angustiosa de sentido común debido a que vamos desmantelando quedamente nuestros ideales genuinos, por andar metidos, solos, en una rutina deformante (...)". (p.37)

A veces, vuelvo a recordar tu voz, Carmen, con la lectura de "Como crudos profetas" (Volanteo IV): el tiempo se hizo ya banal.

Y desde esa tarde de julio del 97, hasta ahora, no olvido lo que me escribiste: "Cuesta el cielo, pero la vida más".

Se te recuerda, Carmen.