Malas compañías

Botas de cartón

En la inmediatez de la lluvia me sobrecoge la escena de una serie de televisión de hechura japonesa, que fue muy exitosa hace tres décadas y que aún recuerdo muy bien.

La señorita Cometa angustiada bajo la lluvia intensa. Caminaba con rapidez, pero a cada paso, el calzado se le deshacía: sus botas eran de cartón. La señorita Cometa lloraba y corría. Y caían gotas de lluvia por su carita redonda, en su flequillo nipón.

ERA UNA ESCENA TRISTE

Por el parabrisas de un automóvil se ve la vida mientras llueve: las señoritas Cometa -Princess Comet, en la versión estadounidense- siempre apuran el paso. Cuando la lluvia arrecia, las emperifolladas se pelean con el agua, defienden a capa y espada su alaciado exprés de cabello. ¿A dónde habrá quedado el pelo rizado?

Los hombres de oficina también apremian el paso; corren y se cubren. En las tardes de lluvia, la vieja imagen del periódico de papel que ataja las gotas, va desapareciendo. Una tablet o un smartphone no sustituyen a un paraguas, pero sí a los periódicos.

Nadie va contento. Tampoco van como Gene Kelly vestidos en traje de tweed azul cantando bajo la lluvia. Eso es puro mito de Hollywood. En el chaparrón los viandantes tienen sólo una meta guarecerse y sobrevivir al salario mínimo.

Sortear la lluvia es cosa seria. Es el enfrentamiento, a ciegas y sordas, a pisos resbaladizos, a coladeras abierta, a baches encubiertos. A veces, caminar bajo la lluvia entorpece los sentidos de aquellos que tienen como objetivo -vano, tal vez- no mojarse.

Estas tardes me recuerdan a Isabel viendo llover en el mundo Macondo de Gabriel García Márquez. Tras una ventana o en el corredor, junto a su madrastra, Isabel ve ese diluvio atemporal y "con un olor a suelo removido" que invade las calles y los jardines de las casas. La lluvia que revitaliza "el romero y el nardo sedientos en las macetas"

A través del parabrisas estoy a la espera de que la lluvia amaine o termine. Espero, como aguarda Macario -el de Rulfo- ahí sentado junto a la alcantarilla a que salgan las ranas.

La lluvia me gusta. Y no uso paraguas. Siempre lo olvido.

El agua arrecia. Son las lluvias veraniegas que humedecen las avenidas. Que provocan ríos de agua en las calles. Son lluvias de granizo y arcoíris. Es una temporada en la que se llevan Gafas de sol para días de lluvia, como los personajes de Mamen Sanz.

Son las lluvias de junio. Las de julio y agosto que también provocan goteras en los techas de las casas al grito de: ¡traigan la cubeta porque se mojan los muebles!

Las lluvias de julio y agosto son las que también deshacen las botas de cartón.

¿Alguien recuerda a Koji y a Takeshi?, ¿a Chibigón?