Malas compañías

Ajalpan

En esa muchedumbre de gente confusa y desordenada, José Abraham y Rey David perdieron todo. Frente a la turba, nada los salvó.

A los hermanos, de nada les sirvió el lenguaje, la palabra, la expresión. De nada, les sirvió la angustia, la defensa física. O implorar.

La transpiración de sus cuerpos, la velocidad de los latidos, la ceguera momentánea, el silbido en sus oídos, el temblor de sus cuerpos o el impacto de la indefensión.

De nada les sirvió el miedo. Todo rebasó a los hermanos aquella noche cuando al tañido de una campana de la iglesia de un pueblo se multiplicó la turba.

Lo siguiente que José Abraham y Rey David experimentaron se escapa de cualquier descripción. Nada empataría con el terror que vivieron ambos hermanos.

Esa violencia colectiva en el pueblo Ajalpan, del estado de Puebla, es otro hecho vergonzoso.

Los habitantes -sin ningún escrúpulo- grabaron en vídeo el linchamiento y encendido de los cadáveres de los dos jóvenes, recogieron el testimonio y lo compartieron en redes sociales. Son imágenes estremecedoras, apabullantes.

Lo que sucedió en Ajalpan remite a los hechos reales ocurrido el 14 de septiembre de 1968, cuando cinco trabajadores universitarios, en un viaje para hacer montañismo, llegan al poblado de San Miguel Canoa, Puebla. Los universitarios son señalados como comunistas y el poblado los lincha. (Canoa, memoria de un hecho vergonzoso, Felipe Casals, 1975).

Es decir, aquella noche del año mil novecientos sesenta y ocho, fue una noche adversa para los universitarios que vivían en un contexto social adverso.

Lo mismo ocurrió para José Abraham y Rey David, oriundos de Lerma, Estado de México y quienes realizaban levantamiento de datos para una empresa encuestadora

Allá en Puebla, ellos también se encontraron de frente -como hace 47 años, los trabajadores universitarios en Canoa- con el infortunio de la incultura social.