Los otros desaparecidos de Guerrero

Un año antes de la desaparición de los 43 estudiantes mexicanos en Iguala hubo otra noche de terror en un pueblo vecino, donde habitantes relatan que un comando armado irrumpió en varias casas y se llevó a un grupo de personas mayoritariamente jóvenes.

La fiscalía de la región de Guerrero dice que tiene denuncias de seis desaparecidos la madrugada del 1 de julio de 2013 en la comunidad de Cocula, mientras una docena de familiares de víctimas y otros vecinos coinciden en que fueron 17, y aseguran que muchos padres no denunciaron por miedo a la connivencia de autoridades.

“Aquí se sabe todo, se escucha todo y se hablaba de 17 personas” desaparecidas, denuncia César Peñaloza, alcalde de Cocula, un pueblo de 4 mil 300 habitantes situado a unos 200 kilómetros de la Ciudad de México.

Una de las familias que presentaron denuncia fue la del adolescente Víctor Albarrán. Su madre, Maura Varela, revive una noche de pesadilla que empezó con la llegada al pueblo de un comando de medio centenar de hombres armados que “venían rafagueando por toda la calle”.

Varela y su esposo corrieron a sacar de la cama a sus hijos para esconderlos en el sótano pero les faltó Víctor, que estaba en el baño.

Cuando la mujer subió a buscar a su hijo de 15 años, tres encapuchados balearon la puerta de la casa y entraron. Los desconocidos les hicieron tirarse al suelo, patearon al joven y, después de preguntar infructuosamente por sus hermanos mayores, metieron a Víctor en una de sus 10 camionetas donde ya había otros rehenes, muchos jóvenes, asegura la madre.

“Yo iba detrás de ellos, diciendo que no se lo llevaran, que estaba chico, que a él no se lo llevaran, pero no les importó”, llora esta mexicana de 43 años, una de las pocas vecinas que acepta dar su nombre, en el patio de su humilde casa.

“Eso parecía una guerra, hubo muchas detonaciones y la gente amaneció con miedo, sin querer salir de la casa”, recuerda de su lado Alfonso, otro habitante también temeroso de hablar porque él mismo fue secuestrado hace un tiempo.

Los vecinos aseguran que no han vuelto a saber de las 17 personas que el comando se habría llevado y lamentan que el despliegue posterior de medio centenar de militares y policías de Guerrero se marchó sin dar resultados un mes y medio después.

Testigos creen que los autores del ataque eran miembros del cártel Guerreros Unidos que buscaban a rivales de La Familia, la organización anteriormente dominante en la zona.

Guerreros Unidos es el cártel acusado de participar en los ataques a tiros contra decenas de estudiantes de una escuela rural de magisterio la noche del pasado 26 de septiembre en Iguala, un crimen que ha conmocionado dentro y fuera de México.

Según la investigación de la fiscalía, policías de Iguala y de Cocula entregaron a 43 de los estudiantes a sicarios de los Guerreros Unidos, quienes, por declaraciones de detenidos, se teme que pudieron asesinar y enterrar a los jóvenes.

Derivado de ‘cocolia’ (“lugar de riñas” en náhuatl), Cocula está separada de Iguala por una carretera rodeada de una imponente sierra que, tras su belleza, esconde un verdadero cementerio de víctimas de la violencia.

En esos cerros han sido encontradas numerosas fosas clandestinas con más de 80 cadáveres solo en este año, volviendo a desnudar el drama de los desaparecidos en México, que suman más de 22 mil desde que el gobierno lanzó a finales de 2006 una cruenta ofensiva militar contra los cárteles.

La fiscalía mexicana se ha limitado a informar que no hay ninguno de los 43 estudiantes entre los primeros 28 cadáveres hallados tras la desaparición.

Antes de que 14 agentes de la policía de Cocula fueran detenidos por la desaparición de los estudiantes, este cuerpo ya había levantado el enojo y las suspicacias de muchos vecinos por no hacer frente al asalto del comando en 2013, pese a que dos chicos fueron raptados a escasas cuadras de la comandancia.

El alcalde recuerda que los policías le dijeron que no actuaron “por temor a perder la vida” y que, tras el ataque, más de media docena de agentes renunciaron. “Muchos de los policías no han tenido una preparación ni física ni sicológica. Muchos no saben ni accionar un arma”, justifica el edil.

Los vecinos aseguran que la mayoría de los raptados no tenía nada que ver con el negocio de la droga.

Entre ellos estaban Berenice y su novio, que iban en moto camino a la peluquería para el acto de graduación de ella como maestra cuando se cruzaron con el arrasador convoy.

Sin pistas de Víctor, su madre pide al gobierno que, pese a la creciente presión, no solo busque a los estudiantes.

“Que me ayuden a que me lo devuelvan y, si está muerto, igualmente quiero saber porque siento que uno no puede vivir así, con esa angustia siempre”, implora.