Carta de viaje

La violencia en perspectiva

Estamos hoy en el promedio de violencia que mantenemos desde hace ya medio siglo: apenas por abajo de los 20 homicidios por cada 100 mil habitantes.

¿Cómo ha evolucionado la violencia en nuestro país durante los últimos 100 años, si tomamos como referencia la tasa de homicidios? Es una de las preguntas que responde la gráfica de una presentación en Power Point titulada Inseguridad en México: perspectiva comparada y causas, firmada por el doctor Vidal Romero del Departamento de Ciencia Política del ITAM. Gráficas similares a ésta han sido comentadas en los medios desde hace tiempo. Qué bueno que así sea. Ellas nos ayudan a poner en perspectiva el problema de la violencia, que ha vuelto a las primeras planas de la prensa en México.

México padeció niveles de violencia absolutamente trágicos durante el primer tercio del siglo XX, sobre todo entre 1910 y 1920 (durante la Revolución) y entre 1926 y 1929 (durante la Cristiada). La vida no valía nada. El país tenía una fama triste y negra, en todo el mundo. La violencia tendió a bajar un poco a partir del fin de la Cristiada. En 1934, la tasa de homicidios en el país era del orden de 40 por cada 100 mil habitantes: más o menos el doble de la que tenemos hoy, pero que en ese momento, después de la hecatombe, parecía una bendición. Entonces, sin embargo, la tasa se disparó: tres años después, en 1937, había tenido un incremento de 50 por ciento, era ya del orden de 60 por cada 100 mil habitantes, y en 1940 subió de nuevo, hasta llegar a 68 homicidios por cada 100 mil habitantes. México no había tenido un periodo tan violento como éste desde el fin de la Cristiada. Coincidió puntualmente con el gobierno del general Lázaro Cárdenas. ¿Qué pasó? Uno de los factores que la explican es, sin duda, la tensión que provocó en el campo la reforma agraria.

A partir de 1940, la tasa de homicidios empezó a descender rápidamente en México, al dar comienzo el sexenio conciliador de Manuel Ávila Camacho. Cuando terminó su gobierno, la tasa de homicidios en el país era ya de 48 por cada 100 mil habitantes, muy lejos de los niveles alcanzados en tiempos de Cárdenas. La tendencia siguió a la baja en los años y los lustros por venir. Con Miguel Alemán, la tasa de homicidios descendió de 48 (en 1946) a 38 (en 1952). Y así sucesivamente: bajó a 31 en 1958, a 22 en 1964 y a 10 en 1970. La tasa de homicidios en el país, de hecho, nunca había sido tan baja como lo fue al final de los 60, al terminar el sexenio del presidente Gustavo Díaz Ordaz (cuyo gobierno, irónicamente, es ahora recordado por la sangre y la represión de Tlatelolco). La tasa de homicidios subió de nuevo en el país a partir de 1970, hasta llegar a cerca de 20 por cada 100 mil habitantes. Fueron los años del presidente Luis Echeverría, los años de la guerrilla y de la llamada guerra sucia. La violencia permaneció en ese rango a lo largo del sexenio de José López Portillo, hasta 1982. Subió entonces, poco a poco, por arriba de los 20 por cada 100 mil habitantes durante los años de la crisis en la década de los ochenta pero, a partir de 1992, comenzó a bajar de nuevo —a bajar y bajar, a pesar del levantamiento en Chiapas y el asesinato de Luis Donaldo Colosio, y a pesar de la crisis que golpeó al país en 1995, una de las más brutales en la historia de México. Siguió bajando durante el año de la alternancia (2000) y continuó a la baja hasta llegar a 2007, en que por primera vez la tasa fue menor a 10 homicidios por cada 100 mil habitantes. Como sabemos, a partir de ese año, al declarar la guerra contra el crimen organizado, la tasa comenzó a subir de nuevo, hasta llegar a 23 en 2011, cuando volvió a bajar… ¿Seguirá bajando? Ojalá que sí. No lo sabemos. Lo que es un hecho es que estamos hoy en el promedio que mantenemos desde hace ya medio siglo: apenas por abajo de los 20 homicidios por cada 100 mil habitantes.

ctello@milenio.com