Carta de viaje

Un testimonio contra la deportación

Un buen día, dice Diane Guerrero, regresé de la escuela y la casa estaba vacía. Las luces estaban prendidas y la cena estaba servida, pero mi familia no estaba en ningún lado.

El conjunto de reformas migratorias que promueve el presidente Barack Obama ofrece la posibilidad de legalizar su situación, mediante un permiso de trabajo por tres años, a todos los inmigrantes hoy indocumentados que tengan hijos de nacionalidad estadunidense, para evitar el riesgo de ser extraditados. Alrededor de 4 millones de indocumentados podrían regularizar su situación con esta medida, de acuerdo con Obama. Representan cerca de la mitad de los alrededor de 11 millones de inmigrantes no documentados que viven en Estados Unidos. Y 44 por ciento de ellos son mexicanos, según el Pew Research Center. El proyecto de Obama no permite a los indocumentados la posibilidad de ser considerados para obtener la residencia permanente o la ciudadanía, pues eso solo puede ser concedido por el Congreso. Pero aun así, su acción ejecutiva ha sido atacada con rabia por sus adversarios.

En el contexto de la discusión detonada por esta propuesta, hace unos días fue publicado en Los Angeles Times el testimonio de la actriz Diane Guerrero. Sus padres salieron de Colombia huyendo de la violencia, llegaron a Estados Unidos, donde tenían amigos en New Jersey. Ahí nació su hija Diane. Luego se mudaron a Boston. “Durante toda mi niñez vi cómo mis padres luchaban por legalizar su situación, sin ningún éxito. Perdieron su dinero en abogados que creían que los iban a ayudar, pero que nunca lo hicieron. Eso significó que viví mi niñez con el miedo de que pudieran ser deportados”. Ella no corría ese riesgo, pues había nacido en Estados Unidos. “Un buen día mis temores se volvieron realidad. Regresé de la escuela y la casa estaba vacía. Las luces estaban prendidas y la cena estaba servida, pero mi familia no estaba en ningún lado. Los vecinos me dieron la noticia de que mis padres habían sido llevados por la policía y así, de pronto, mi estabilidad familiar había terminado para siempre. Nadie en el gobierno se dio por enterado. Nadie se preocupó por saber si tenía un lugar para vivir o algo para comer, y así, a los 14 años, me encontré básicamente sola”. Diane Guerrero describe, como hija, la situación que viven, como padres, millones de indocumentados en Estados Unidos. El miedo a ser de pronto deportados, separados de sus hijos.

Su familia, que fue deportada a Colombia, aceptó que ella se quedara a terminar sus estudios en la Academia de las Artes de Boston. Vivió durante años con amigos de la familia —y con el miedo de cansar a sus anfitriones y perder su casa—. Pero terminó sus estudios y se volvió actriz (protagonista en la serie de televisión Orange isthe New Black) y activista, también, a favor de los derechos de los inmigrantes en Estados Unidos. No sucedió lo mismo con su hermano, quien fue deportado junto con sus padres. “Cuando mi hermano fue deportado, dejó a una hija que apenas comenzaba a gatear (…) Mi sobrina hizo malos amigos y tomó decisiones equivocadas, y ahora está en prisión”.

La reacción en la prensa a su historia es reveladora de la mentalidad de los sectores que ganaron la más reciente elección en Estados Unidos, que detuvieron la discusión de la reforma migratoria en el Congreso. Los antepasados de muchos de ellos pudieron haber sido irlandeses que morían de hambre porque no tenían que comer o judíos perseguidos por los pogromos de Europa del Este. Estados Unidos es un país de inmigrantes y los inmigrantes migran porque la situación en su país es desesperada. Aquí cito dos respuestas al testimonio de Diane Guerrero. “Si una persona no quiere ser deportada, entonces no debe violar las leyes de inmigración que existen en Estados Unidos” (Stephanie Caldera, Palmdale). “No es el sistema lo que se necesita cambiar, son las actitudes de aquellos que quieren abusar; el sistema es lo que se necesita cambiar” (…) ¿Por qué se separó de su familia? Debió haberse ido con ellos a Colombia” (Jeanne Mount, Beverly Hills). Barack Obama tiene razón en proponer esta reforma como acción ejecutiva. Le deseo todo lo mejor.

ctello@milenio.com