Carta de viaje

¿Portar armas?

No hay consenso en el mundo respecto al derecho de las personas a portar armas. Entre los países más permisivos destaca Estados Unidos ("el derecho del pueblo a tener y portar armas no será vulnerado", dice la Segunda Enmienda). Entre los más restrictivos está Japón ("nadie poseerá un arma de fuego o armas de fuego o una espada o espadas", afirma la Constitución). En México, el artículo 10 de la Constitución de 1857 decía: "Todo hombre tiene derecho de poseer y portar armas para su seguridad y legítima defensa". El país vivía tiempos turbulentos, el gobierno no podía garantizar la seguridad de los ciudadanos: tenía que concederles a ellos esa posibilidad. La Constitución de 1917 refrendó el derecho a tener armas, pero con dos limitaciones muy importantes: "Los habitantes de los Estados Unidos Mexicanos tienen derecho a poseer armas en su domicilio, para su seguridad y legítima defensa, con excepción de las prohibidas por la ley federal y de las reservadas para el uso exclusivo del Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Guardia Nacional" (Artículo 10). Es decir, nuestra ley no permite portar armas en lugares públicos ni tener armas de uso exclusivo de las fuerzas armadas. Por lo general, las armas permitidas son la pistola 9mm, el revólver calibre .38, la escopeta de caza y el rifle de cerrojo.

Hace dos meses, un senador del PAN presentó una iniciativa para que las personas puedan estar armadas en sus vehículos y sus negocios, no solo en sus domicilios. La iniciativa propone modificar el artículo 10 de la Constitución y los artículos 15 y 16 de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos. Entre las organizaciones favorables a ella están la Asociación Mexicana de Usuarios de Armas de Fuego, la Federación Mexicana de Caza y la Federación Mexicana de Tiro, así como las empresas de seguridad privada que hay en México —es decir, las organizaciones que viven de los deportes con armas de fuego, o de la inseguridad en México—. Entre las que están en contra destacan el Instituto para la Seguridad y la Democracia, México Unido contra la Delincuencia, Causa en Común y el Observatorio Nacional Ciudadano —es decir, las organizaciones que combaten el crimen y la inseguridad en México.

Hay países armados que tienen bajas tasas de homicidio: Canadá, Suiza, Finlandia, Australia e Israel. Y hay países desarmados que tienen altas tasas de homicidio: Venezuela, Colombia, México, Brasil, Rusia, Sudáfrica. O sea que el control más riguroso sobre las armas de fuego no reduce, por sí solo, la violencia. Por muchas razones, entre otras por una obvia: no son siempre eficaces las leyes diseñadas para restringir la compra de armas. En datos de Octavio Ortega (Reforma, 4-12-2016), hasta mayo de este año el número de armas vendidas con licencia de la Sedena suma 29 mil 777 y el número de armas no declaradas, según la estimación de los especialistas, oscila alrededor de 10 millones. Pero la solución al problema no es extender el uso de las armas legales (unas miles) para que puedan competir con las ilegales (millones y millones). La solución es desarmar a los ilegales. Es un asunto delicado. Las decisiones de los políticos, cuando son equivocadas, pueden hacer un daño enorme. Así lo sabemos hoy que recordamos que, hace diez años, fue decidida una guerra contra las drogas que detonó una ola de violencia de la que aún no se recupera México.

*Investigador de la UNAM (CIALC)
ctello@milenio.com