Carta de viaje

Los mayas y las selvas

En todas las ciudades mayas, desde Copán hasta Palenque, pasando por las más grandes: Tikal y Calakmul, hay un colapso repentino y contundente al comienzo del siglo IX… ¿Qué sucedió?

Hace unos años apareció en español el libro más completo que tenemos de los mayas, Crónica de los reyes yreinas mayas, de Simon Martin y Nikolai Grube, un trabajo que “supera cualquier otro escrito sobre la historia maya”, en palabras de uno de los grandes mayistas del siglo XX, el profesor Michael Coe. El libro dedica un espacio importante a uno de los temas más enigmáticos de los mayas: el colapso del Periodo Clásico. En todas las ciudades mayas de la Zona Central, en efecto, desde Copán hasta Palenque, pasando por las más grandes: Tikal y Calakmul, hay un colapso repentino y contundente al comienzo del siglo IX. Todas son abandonadas en el curso de unos cuantos años. El derrumbe de los mayas siguió por doquier un patrón similar: colapso de la población en el siglo IX; final súbito de toda la historia registrada; desaparición de los últimos vestigios del poder de los gobernantes (los Ahauab); ocupación de los centros ceremoniales por invasores empobrecidos que viven como indigentes entre las ruinas; saqueo de las tumbas; gradual abandono de la ciudad a la selva, que comienza a devorar las ruinas en el curso del siglo X.

¿Qué sucedió? Lo peor: hubo un colapso ecológico. Los estudios más detallados sobre el derrumbe de los mayas han sido realizados en Copán, al noroeste de Honduras. “Desde el siglo VI”, escriben los autores de Crónica de los reyes y reinas mayas, “la población había excedido su capacidad productiva y debió haber importado comida y otros bienes del exterior. Los análisis de polen demuestran que el suelo del valle estaba despojado de la cubierta arbórea de la selva, proceso que finalmente incluyó la tala feroz de los pinos de los picos más altos para ser usados como madera de construcción y leña (…) La deforestación pudo haber afectado el microclima del valle, reduciendo la precipitación pluvial. La escasez de tierra llevó al cultivo en colinas con pronunciadas pendientes, lo que favoreció la erosión y dañó la fertilidad de los suelos inferiores. Año tras año, los rendimientos disminuyeron. El análisis de los entierros del siglo VIII revela que la desnutrición era corriente y común, y la mortandad infantil crecía considerablemente (…) Con el colapso de la autoridad central en el siglo IX, la población menguó hasta convertirse en una fracción de su antigua fuerza”. La historia, a pesar de ser antigua, nos resulta familiar.

El colapso de los mayas, ocasionado por la destrucción de su entorno, la selva, es algo comentado también fuera de los estudios consagrados a este tema en la academia. Es por ejemplo uno de los capítulos que forman parte del libro de gran éxito Colapso, que Jared Diamond dedicó a las civilizaciones del pasado que desaparecieron por haber destruido su entorno natural: los mayas de las selvas de Centroamérica, pero también los polinesios de la Isla de Pascua en el Pacífico, los anasazi del valle del Chaco en Estados Unidos y los vikingos que vivieron en Groenlandia desde 984 hasta su desaparición en 1400. El tamaño del colapso, en términos de vidas, fue ilustrado con cifras terribles por Jared Diamond. “Las selvas del sur perdieron más de 99 por ciento de su población en el curso del colapso del Periodo Clásico”, escribió. “Por ejemplo, la población del Petén durante el apogeo de la civilización maya ha sido diversamente estimado de 3 millones a 14 millones de personas, pero había nada más 30 mil personas ahí mismo a la llegada de los españoles”. Así sucedió sobre todo entre 810 y 860, cuando ocurrieron dos de las más grandes sequías del siglo. “¿Cómo fue posible que una población tan grande de millones de personas desapareciera?”, preguntó Diamond, para responder así: “Podemos inferir que algunas personas de las selvas de la Zona Central sobrevivieron al emigrar al norte de Yucatán, donde había pozos y cenotes, y donde ocurrió un acelerado incremento de la población durante los años del colapso de los mayas. Pero no hay señal que nos permita suponer que todos los millones de habitantes de la Zona Central sobrevivieron para ser acomodados como inmigrantes al norte de la Península”.

La exposición Los mayas: revelación de un tiempo sin fin acaba de ser inaugurada esta semana en el Museo del Quai Branly en París, hecha con alrededor de 400 obras maestras aportadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Es ya un éxito medido por las reservas de los grupos que la visitarán, como lo fue también la exposición del Quai Branly sobre Teotihuacán (otra civilización, por cierto, que decayó también por razones ecológicas en el altiplano de México). La exposición sobre los mayas está organizada alrededor de ocho grandes temas, uno de los cuales es “El hombre y la naturaleza”. Algo muy relevante para la Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático (COP 21) que será celebrada el año que viene en París.

ctello@milenio.com