Carta de viaje

La inseguridad, de nuevo

El objetivo de la lucha contra la inseguridad debe ser no contener el tráfico de drogas, sino los crímenes que más atentan contra la sociedad: la extorsión, el secuestro y el homicidio.

Desde hace tiempo existe en el país un consenso respecto a lo que debe ser la lucha contra la inseguridad en México. El objetivo de la lucha debe ser, dice este consenso, no contener el tráfico de drogas, sino los crímenes —a veces vinculados con ese tráfico, a veces quizá no— que más atentan contra la sociedad: la extorsión, el secuestro y el homicidio.

El consenso surgió como respuesta a lo que fue, por lo menos al comienzo, la guerra del presidente Calderón contra el crimen organizado alrededor del narcotráfico en México. Calderón privilegió la lucha contra el narco. Es probable que fuera influenciado por las masacres de su estado, Michoacán. Es posible que pesara en él, también, la necesidad de emprender una batalla que le diera legitimidad, luego de ser cuestionado su triunfo en las elecciones de 2006. Es indudable, en fin, que influyeron en su ánimo razones de tipo moral para emprender esa guerra, que fue vista como una cruzada contra las fuerzas que atentaban contra las familias del país. Pero algo salió mal, como lo confesaron los mismos miembros de su gabinete. El gobierno, al usar la fuerza, propició que los cárteles abarcaran nuevos espacios en el país y que, además, optaran por nuevas formas de crimen: “diversificaron sus acciones criminales pasando del trasiego de droga, al secuestro, la extorsión”, en palabras de uno de los más altos responsables de la guerra. La represión hizo que los criminales extendieran y multiplicaran sus actividades. Un ejemplo de esa movilidad y adaptación de los narcotraficantes fue, justamente, Michoacán, donde el secuestro y la extorsión crecieron a una tasa vertiginosa, superior a cualquier otro lugar de México. Un reportaje publicado por esas fechas en The New Yorker, hacia fines del gobierno de Calderón, sugería incluso que, durante los años del PRI, los cárteles habían pactado con el régimen para centrar sus actividades en la venta de drogas, sin incurrir en otros crímenes, y que ese pacto había sido roto con el triunfo del PAN en 2000. Si eso era cierto, muchos mexicanos comenzaron a pensar que aquel pacto no debió haber sido roto.

El presidente Enrique Peña Nieto, desde que tomó posesión, bajó en su discurso el perfil del tema de la violencia en México. Fue una decisión acertada: la violencia que nos afectaba desde hacía años tenía, como una de sus expresiones más graves, el miedo, y ese miedo disminuyó en la medida en que el país dejó de estar inmerso en un discurso obsesivo y dramático en torno a la violencia. Pero la decisión mostró también sus límites, porque ninguna estrategia de comunicación podía suprimir el miedo cuando subían los índices de dos de los crímenes que más afectan a la sociedad: la extorsión y el secuestro.

¿A qué le tiene usted más miedo?, preguntó hace poco en una encuesta nacional sobre miedos y fobias Consulta Mitofsky. El 23.8 por ciento de los mexicanos encuestados dijo tener miedo a la inseguridad. Fue la respuesta más frecuente, muy por encima de las otras, incluso de las más predecibles —como enfermarse (6.2 por ciento) o perder eltrabajo (5.4 por ciento). ¿Está justificado ese miedo? Los números indican que sí. Son tres los crímenes que más afectan a la sociedad: los homicidios, los secuestros y la extorsión. La tasa de homicidios bajó en el curso de 2013 —empezó a bajar, de hecho, desde mediados de 2011, cuando alcanzó su nivel más alto: hubo entre enero y diciembre de 2013 alrededor de 15 por ciento menos de homicidios que los que hubo entre enero y diciembre de 2012, de acuerdo con las cifras publicadas por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Pero la tasa de secuestros, en cambio, subió en el curso de 2013: un incremento de alrededor de 33 por ciento respecto a 2012. Y subió también la tasa de extorsión: un incremento de alrededor de 14 por ciento respecto a 2012. El secuestro y la extorsión estuvieron aquel año concentrados sobre todo en algunas de las regiones más vulnerables de México, como Michoacán. Todos en el estado, no solo los más ricos, fueron de pronto víctimas de la extorsión y el secuestro, y así ha sucedido también en otros estados del país. La extorsión y el secuestro son los dos crímenes que, junto al homicidio, más amenazan a la sociedad.

Calderón emprendió la lucha contra la inseguridad como jefe de un partido y de un gobierno, no como jefe de Estado. No estuvo nunca por encima de la lucha de los partidos: fue parte de ella, así fue percibido. Muy diferente a Peña Nieto, quien desde el principio supo colocarse por encima de las luchas de partido en México. Pero a él también se le ha impuesto hasta arriba de la agenda de su gobierno la exigencia de garantizar la seguridad de los mexicanos, sin la cual el país no puede ser mejor, por más exitosas que sean todas las reformas.

ctello@milenio.com