Carta de viaje

Huracanes

Esos fenómenos siempre han existido. Pero ahora son más intensos y más destructivos a causa del cambio climático

Trump nombró a un negador del cambio climático, ese personaje llamado Scott Pruitt, al frente de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. Y acaba de proponer, para dirigir la NASA, a un individuo llamado Jim Bridenstine, ex militar, ex director de un planetario, negador también del cambio climático, representante republicano de Oklahoma en el Congreso. En un país en el que una de sus ciudades más importantes, Houston, acaba de ser inundada por el huracán Harvey, que dejó al menos 60 muertos y daños materiales superiores a los 200 mil millones de dólares, y en un país que con toda probabilidad será golpeado este fin de semana por el huracán Irma (“¡el mayor huracán jamás registrado en el Atlántico!”, exclamó Trump en Twitter, casi con entusiasmo por lo que pueda ocurrir en Florida).

Hay un grado muy alto de incertidumbre respecto a las consecuencias que tendrá, a largo plazo, el cambio climático, pero conocemos ya con seguridad tres efectos inmediatos. Uno, el incremento del promedio de la temperatura en el planeta (cerca de 1 grado centígrado sobre niveles preindustriales). Dos, el incremento del nivel del mar (más o menos 3 milímetros por año desde 1992). Y tres, el incremento de huracanes de gran intensidad (un promedio de 26 por ciento a escala global, en las últimas dos décadas). En México conocemos los desastres naturales y humanos que pueden provocar los huracanes, sobre todo en regiones cercanas a la costa cuyas montañas han sido deforestadas, como las de Chiapas, Oaxaca y Guerrero. Al ser más elevada la temperatura del mar, los huracanes generan vientos de aire más caliente, son más intensos, están más cargados de agua. El número de ciclones, huracanes y tifones de gran intensidad ha aumentado mucho, en efecto, durante los últimos años. Pero en algunas partes del planeta, el aumento ha sido dramático. El caso más crítico es el norte del Atlántico, donde en las últimas décadas se ha disparado el número de huracanes intensos, es decir, categorías 4 y 5. (Tomo estos datos del libro Cambio climático, de Mario Molina, José Sarukhán y Julia Carabias que, por cierto, será presentado esta noche en la Librería Rosario Castellanos del FCE.) Entre 1976 y 1985 hubo dos huracanes intensos en el norte del Atlántico; entre 1986 y 1995 hubo cinco huracanes intensos; entre 1996 y 2005 hubo 14 huracanes intensos; entre 2006 y 2015, en fin, hubo 27 huracanes intensos. Algunos de ellos son famosos por la devastación que provocaron, como Gilberto (1988) y Katrina (2005).

El huracán Irma es el mayor registrado jamás en el Atlántico, de acuerdo con el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos. Es categoría 5, tiene vientos de 297 kilómetros por hora, un diámetro de más de 600 kilómetros, una velocidad de 22 kilómetros por hora. Irma tocó ayer a Puerto Rico, un estado en bancarrota, con una deuda de decenas de miles de millones de dólares. Está previsto que este fin de semana llegue a Florida (“con potencial para devastar nuestro estado”, según el gobernador Rick Scott). Los huracanes siempre han existido en Florida. Pero ahora son más intensos y más destructivos, a causa del cambio climático, que niega el presidente de Estados Unidos.

*Investigador de la UNAM (Cialc)