Carta de viaje

La educación hoy

México es el país que dedica el porcentaje más alto de su PIB a la educación entre todos los países miembros de la OCDE. Pero la educación no mejora. ¿Por qué? En parte porque, a pesar de que ha logrado incrementar año con año los recursos destinados a la educación, la inversión por estudiante es aún una de las más bajas en la OCDE. Pero también, en parte, porque no es lineal la relación entre recursos y resultados. Así lo debemos recordar en estos días que la OCDE acaba de publicar los resultados del PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes). El examen fue aplicado en marzo de 2012 a cerca de 30 mil estudiantes del país, para luego contrastar sus resultados con los de más de medio millón de alumnos de 65 países diferentes. México ocupó el último lugar entre las 34 naciones de la OCDE evaluadas con puntos en matemáticas, lectura y ciencia: obtuvo 413 en matemáticas, 424 en lectura y 415 en ciencias, lejos de la meta planteada por el ex presidente Calderón de llegar a 435 puntos, alrededor del nivel que tiene por ejemplo España.

¿Qué hacer para mejorar?

Desde hace años repito las recomendaciones de Alejandro Ramírez, vicepresidente de Mexicanos Primero, uno de los impulsores del documental De panzazo desde Cinépolis. Las publicó en la revista Arcana en abril de 2002. Son propuestas concretas y sensatas para mejorar el desempeño de la educación en el país que siguen vigentes, pues no ha cambiado el problema que buscaban resolver. Éstas son:

Uno, cambiar el énfasis de los insumos a los resultados. La obsesión por las cifras —el número de escuelas que se construyen al año, el número de maestros que dan clases, el número de libros que son distribuidos gratuitamente— oculta el hecho de que los insumos no son un fin en sí mismos, sino un medio para educar mejor. Los estudios demuestran que los resultados más altos son obtenidos por los países con mejores métodos de enseñanza (como Corea del Sur), no por los países que más recursos invierten en sus estudiantes (como por ejemplo Estados Unidos). Aunque, claro, ambos temas están relacionados. Por ejemplo: hay que elevar el número de horas de clase de la jornada escolar, que en México es 25 por ciento más bajo que en países bien educados como Corea del Sur, pero elevarlo cuesta más recursos al Estado.

Dos, favorecer el desarrollo de la capacidad crítica y analítica sobre la facultad de memorización. En México, las clases consisten en tomar apuntes de lo que dice el maestro, para luego recitarlos en el momento del examen. Los estudios de la Unesco y de la OCDE coinciden en señalar, a propósito de los estudiantes en nuestro país, que aprenden a leer, pero tienen dificultad para comprender el significado de lo que leen. No es común que los estudiantes, aquí, produzcan ensayos basados en sus lecturas en la biblioteca, con los que confronten al maestro, ni común tampoco que, a partir de sus lecturas, enfrenten al resto de sus compañeros en la clase.

Tres, evaluar y difundir de manera sistemática y transparente el desempeño académico de los estudiantes. México no tiene un sistema de evaluación que le permita medir con rigor la calidad de la educación en el país, como lo tienen países como Inglaterra y Francia. Un primer paso para resolver este problema fue la creación hace unos años del Instituto Nacional de Evaluación Educativa. Pero no existe aún una evaluación sistemática de todas las escuelas del país, no solo de una muestra representativa, que permita analizar individualmente el desempeño de los alumnos.

Cuatro, crear un sistema de incentivos y de rendición de cuentas para los maestros. La evaluación y la difusión del desempeño académico de los estudiantes van de la mano con la creación de un sistema de incentivos que motive a los maestros a elevar su propio nivel, premie a los que obtengan un buen desempeño y permita identificar a los que requieran ayuda. Mérito académico y desempeño profesional como criterios para tener una plaza de maestro en México. Todo lo contrario de lo que persiguen los sindicatos de maestros que dicen que no van a permitir que la reforma propuesta por el presidente Peña Nieto, apoyada por todos los partidos en el Congreso, “ponga fin a las plazas hereditarias que han sido un logro de este movimiento y que han costado sangre y muerte al magisterio democrático”.