Carta de viaje

El Año Nuevo

Desde hace siglos, el 1 de enero es el día en que comienza el Año Nuevo en los países de Occidente. Y desde hace décadas, en casi todas partes, pues la expansión de la cultura de los europeos al resto del mundo significó que el 1 de enero fuera también impuesto como día del Año Nuevo. Pero no siempre fue así. Los chinos lo celebraban en la segunda luna nueva luego del solsticio de invierno, entre enero y febrero; los hindúes, dos días después de la fiesta de Diwali, a mediados de noviembre; los iranios, en el equinoccio de la primavera, en marzo; los aymaras y los quechuas, con el solsticio de verano, hacia finales de junio; los judíos, en fin, por el mes de septiembre (Rosh Hashanah). Todos ellos requerían una fecha de inicio para poder medir el tiempo.

¿Cómo medir el tiempo? ¿A partir de las fases de la Luna? Con base al movimiento alrededor del Sol? ¿Y cuándo empieza el tiempo, qué día en la historia de la humanidad? Para los cristianos, desde luego, con el nacimiento de Cristo (el 25 de diciembre del año 1). Para los musulmanes, con la Hégira, el nombre del viaje que Mahoma emprende de la Meca hacia Medina (el 16 de julio de 622). Para las civilizaciones más antiguas en fechas míticas, pero exactas —los mayas, por ejemplo, utilizaban la Cuenta Larga, una cronología que comienza en 13.0.0.0.0 4 ahau 8 kumku (el 13 de agosto de 3114, antes de Cristo).

El mundo de hoy está regido por el calendario gregoriano, basado a su vez en el calendario juliano, elaborado por el astrónomo Sosígenes de Alejandría, que Julio César difundió en el Imperio Romano a partir del año 46 antes de Cristo. El calendario juliano tiene 365 días divididos en 12 meses, el séptimo de los cuales, julius, fue nombrado en honor a Julio César. Hubo propuestas, más adelante, que no prosperaron: Calígula quiso llamar germanicus al mes de septiembre, Nerón claudius al mes de mayo, Domiciano domitianus al mes de octubre. La suya sí: julius para el mes de julio. Fue él quien decretó que el 1 de enero daría comienzo el año, cuando los cónsules asumían el gobierno, en lugar del tradicional 1 de marzo. En otras palabras, el 1 de enero es el día que da principio el Año Nuevo desde los tiempos de Julio César. No antes.

Estamos regidos por el calendario juliano, pero con la reforma introducida por el calendario gregoriano, instaurado por el papa Gregorio XIII en 1582. La reforma esencial consistió en eliminar 10 días del calendario, que pasó del jueves 4 de octubre de 1582 al viernes 15 de octubre de 1582. El propósito de la reforma, una reforma que recorrió todas las fechas, que aún hoy causa problemas a los historiadores, era simplemente identificar el equinoccio de primavera con el 21 de marzo, para poder así cumplir, al fin, la decisión votada por el primer concilio ecuménico de la Iglesia, celebrado en 325. El calendario fue adoptado de inmediato por los países católicos, pero hasta siglos después por los países protestantes (Gran Bretaña lo adoptó en 1752) y todavía hasta siglos más tarde por los países ortodoxos (Rusia lo adoptó en 1918, después de la Revolución Bolchevique). Es un calendario solar, a diferencia del musulmán y el chino, que son calendarios lunares, aunque, como sucede en el chino, el día comienza a medianoche, no con la caída del Sol, como en el musulmán.

Pasado mañana es Nochevieja. Y a partir de medianoche comienza el Año Nuevo, como ocurre desde el año 46 antes de Cristo. Pues el tiempo, claro, también es parte de la historia.

*Investigador de la UNAM (CIALC)
ctello@milenio.com