Carta de viaje

2 de abril

“Este importante suceso va a precipitar la caída de Querétaro y la ocupación de México”, escribió Benito Juárez sobre la victoria del 2 de abril.

Para Betina, que hoy cumple años


El 2 de abril de 1867 tuvo lugar una de las batallas decisivas de la guerra contra el Imperio de Maximiliano. El general Porfirio Díaz tomó por asalto la plaza de Puebla, con menos hombres y menos armas que sus defensores, antes de que llegara en ayuda de los sitiados una columna al mando del general Leonardo Márquez, lugarteniente del Imperio. Quiero reconstruir hoy ese hecho de armas —antes muy conocido, hoy casi olvidado— a partir de los testimonios de Guillermo Prieto, Benito Juárez, Sóstenes Rocha y Manuel de Zamacona.

“Supo el general Díaz que el 30 de marzo había salido Márquez de México para auxiliar a Puebla, con mil 900 infantes de lo más florido del ejército imperial, y mil 600 caballos”, escribió Guillermo Prieto, quien describe las dudas de Díaz y su lugarteniente, el general Ignacio Alatorre, sobre si asaltar la plaza a pesar de su debilidad, salir al encuentro de Márquez o abandonar el sitio para volver a Oaxaca. “Se decidió el general Díaz por el pensamiento del asalto, que Alatorre apoyó con esforzado brío, y fue casi aceptado por aclamación” (Guillermo Prieto).

“Aprovechándose de la oscuridad de la noche, las columnas emprendieron su marcha con el mayor orden y sigilo, para ir a establecerse lo más cerca posible y sin ser sentidas frente a los objetivos que tenían designados, esperando solo la señal, que ya en esos momentos todos conocían, para dar el asalto”, escribió Sóstenes Rocha. “El general en jefe había dispuesto que sobre la cumbre del cerro de San Juan se construyera un alto maderamen revestido por todas partes de lienzo y estopas bien empapadas de petróleo y que a su pie se estableciera un jefe, con la misión de encenderlo en el momento que escuchase tres puntos agudos de algunos cornetas que, desde el general en jefe, se escalonaron hasta el pie del cerro de San Juan. Serían las dos de la mañana cuando las columnas encargadas de llamar la atención por el lado del Carmen, abrieron su fuego de fusilería”. Díaz había ordenado un ataque falso por el convento del Carmen, para concentrar ahí las fuerzas del enemigo, mientras el resto de sus columnas atacaban por el oeste de Puebla. “Persuadido el general en jefe, por lo nutridísimo y extenso de los fuegos del Carmen, de que el enemigo había empeñado todas sus reservas, mandó tocar los tres puntos agudos de que hemos hablado, y al momento apareció una pequeña luz en la cima del cerro de San Juan, que creciendo con la rapidez de la pólvora se transformó en una inmensa llama (…) Instantáneamente y como por encanto, se escucharon mil gritos de guerra y un nutridísimo fuego de fusilería estalló en todo el perímetro fortificado de la plaza” (Sóstenes Rocha). “Una hora después se recibió en San Juan un parte del general en jefe, comunicando que la plaza estaba en su poder” (Manuel María de Zamacona).

El presidente Juárez conoció la noticia la noche del 5 de abril, en San Luis Potosí. “Querido Santa, hoy estábamos con mucho cuidado porque Márquez salió de Tehuacán para Puebla, sitiada por Porfirio”, le escribió a su yerno Pedro Santacilia, “y temíamos una derrota que hubiera prolongado la guerra; pero esta noche hemos recibido la plausible noticia de que el mismo día 2 fue ocupada Puebla. Porfirio comunicó la noticia por telégrafo a Leyva que estaba en San Martín Texmelucan para que la transmitiese a Escobedo y éste nos la ha mandado por extraordinario. Este importante suceso va a precipitar la caída de Querétaro y la ocupación de México” (Benito Juárez).

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