Carta de viaje

Estados Unidos, Venezuela, Cuba, México…

La crisis de la nación gobernada por Nicolás Maduro ha rebasado desde hace tiempo las fronteras del país.

El presidente Barack Obama anunció este lunes una “emergencia nacional” ante Venezuela, por la “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior” que supone la represión y la corrupción en el gobierno de ese país para Estados Unidos. Anunció sanciones contra siete funcionarios responsables de la seguridad y la justicia en Venezuela. Condenó la intimidación de los oponentes al presidente Maduro y reclamó la liberación de los presos políticos, incluidos el líder de la oposición Leopoldo López y los alcaldes Antonio Ledezma y Daniel Ceballos. Las medidas están basadas en la Ley de Defensa de los Derechos Humanos y la Sociedad Civil de Venezuela, que Obama firmó el 18 de diciembre de 2014, un día después de anunciar la normalización de las relaciones de Estados Unidos con Cuba.

El presidente Nicolás Maduro solicitó al día siguiente a la Asamblea Nacional un proyecto de Ley Habilitante Antiimperialista para, dijo, “defender la paz, la soberanía y el desarrollo íntegro de Venezuela ante la amenaza del Imperio”. Una Ley Habilitante es una herramienta jurídica de rango constitucional que faculta al presidente para dictar decretos con carácter de ley sobre las materias que estime pertinentes, la cual, para ser aprobada, necesita de tres quintas partes de los asambleístas (99 de 165 asientos), hoy ampliamente controlados por su gobierno. Maduro no describió el contenido del proyecto de ley, aunque todo hace suponer que legislará por decreto en asuntos de orden público y de seguridad nacional. Nombró de hecho a uno de los funcionarios sancionados por Washington ministro de Interior, Justicia y Paz (el general en cuestión venía de dirigir el Servicio Bolivariano de Inteligencia y el Centro de Información y Contrainformación). Ayer, luego de calificar las medidas anunciadas por Washington como una “aberración histórica”, Maduro convocó a unas maniobras militares para este sábado, con el fin de hacer frente a una invasión que dice considerar inminente.

A muchos desconcertó, con razón, el lenguaje de la orden ejecutiva de Obama, que habla de una amenazainusual y extraordinaria a la seguridad nacional de Estados Unidos. Washington ha dicho que es el lenguaje convencional para anunciar este tipo de medidas. En todo caso, la orden ejecutiva habrá de provocar una toma de partido en América Latina. Cuba, en primer lugar, tendrá que definir sus prioridades. Su gobierno hará probablemente declaraciones en favor de Caracas. Ya las ha hecho. “Venezuela es sagrada y se respeta”, dijo ayer el titular de Granma; “arbitraria y agresiva”, calificó la cancillería de Cuba la orden ejecutiva de Obama. Pero, al mismo tiempo, es probable que La Habana siga trabajando en silencio en favor de la reconstrucción de su relación con Estados Unidos. No solo Cuba tendrá que definirse. En vísperas de la Cumbre de las Américas en Panamá (el 10 y 11 de abril), donde estarán presentes Obama, Maduro, Raúl y el resto de los mandatarios del continente, todos los países de América Latina tendrán que definir su postura frente a lo que ocurre en Venezuela. Algunos lo han hecho ya, como Rafael Correa (“debe ser una broma de mal gusto”), Fidel Castro (“los brutales planes del gobierno de Estados Unidos”) y Evo Morales (“la agresión de Obama”). Estos gobiernos han optado por respaldar a Maduro. ¿Qué van a decir los demás? ¿Qué va a decir México? La crisis económica, política y social de Venezuela ha rebasado desde hace tiempo las fronteras de Venezuela. Ya no es posible seguir guardando silencio.

ctello@milenio.com