Carta de viaje

Tráfico

Hay más tráfico que nunca y habrá seguramente más en los años por venir, y qué bueno, en la medida en que el tráfico que padecemos y que vamos a padecer —desmesurado, absurdo— va a acabar por inhibir tarde o temprano el uso del automóvil, que es a fin de cuentas lo que provoca el tráfico. A mediados del siglo XX, Ciudad de México tenía alrededor de 60 mil vehículos. Al finalizar el siglo XX había 3 millones de automóviles en las calles de la capital de México. Hoy son alrededor de 7 millones. Serán todavía más en unos años, sin duda, pero terminarán guardados en sus cocheras, porque ya no es posible ni deseable circular con ellos.

El transporte individual fue siempre privilegiado sobre el colectivo en Ciudad de México. Así pasó en tiempos de Ernesto Uruchurtu, quien tomó la decisión de construir el Periférico y el Viaducto, no obstante que existía ya la propuesta de un tren metropolitano para la capital: el Metro. Y así sucedió con Carlos Hank González, constructor de los Ejes Viales, y con Andrés Manuel López Obrador, edificador de los llamados segundos pisos. Pero todo ese trabajo en favor de los automóviles no ha resuelto el problema del transporte. Al contrario. Los autos ya no sirven para lo que fueron concebidos: transportar con eficacia y rapidez. Producen más de 80 por ciento de las emisiones de uno de los contaminantes atmosféricos más dañinos: los óxidos de nitrógeno. Son responsables de la destrucción de la ciudad, demolida para construir viaductos, periféricos, ejes, estacionamientos y segundos pisos, todo lo cual ocupa más de la tercera parte de la superficie urbana. Por eso las cosas han tenido que cambiar. El gobierno de la ciudad —a tientas, lenta, erráticamente— tuvo que empezar a desincentivar el uso del automóvil. Al comienzo de su gobierno, Marcelo Ebrard sometió esta pregunta al veredicto de los capitalinos: ¿Estás de acuerdo en que los recursos públicos disponibles para transporte en la ciudad se destinen principalmente a la construcción de la Línea 12 del Metro y a las 10 líneas del Metrobús? La pregunta daba por sentado que la respuesta sería Sí. La tendencia hacia un cambio de modelo de transporte ha continuado durante el gobierno de Miguel Ángel Mancera, quien en su Informe de Gobierno más reciente habló de la clase de movilidad que favorece: la que privilegia al peatón y al ciclista para inhibir, dijo, "la dependencia del automóvil y los impactos negativos que su uso excesivo genera en el medio ambiente, salud y tránsito vehicular".

Así sucede también en la mayoría de las capitales más importantes del mundo. En París, por ejemplo, donde surgió el modelo de renta de bicicletas que es la base de Ecobici, fueron tomadas desde hace años medidas para inhibir el uso del automóvil (límites a los estacionamientos, ampliación de las aceras, creación de carriles para autobuses, vías de tren, pistas para ciclistas y, la más reciente, peatonización del malecón del Sena) que han disminuido el tráfico de automóviles en un 28 por ciento con respecto de 2001, lo cual a su vez ha disminuido los contaminantes atmosféricos en un 30-35 por ciento (dependiendo del contaminante). Hay una diferencia, por supuesto: París tiene alternativas de transporte muy satisfactorias, México no. Por eso es urgente, no solo necesario, construir opciones al uso del automóvil. Yo en lo personal me inclino por dos: la Ecobici y el Metrobus, pues es lenta y cara la construcción del Metro.

*Investigador de la UNAM (CIALC)
ctello@milenio.com