Carta de viaje

Recuerdo de Colosio

Colosio decía, durante su campaña, que los bosques y las selvas, los lagos y los ríos no eran nuestros: eran algo que nuestros hijos nos habían prestado para que se los cuidáramos.

Recuerdo que Colosio decía, durante su campaña, que los bosques y las selvas, los lagos y los ríos no eran nuestros: eran algo que nuestros hijos nos habían prestado para que se los cuidáramos hasta que fueran grandes. La idea me gustó, pero solo después conocí su papel en favor de todo eso que, como él decía, nuestros hijos nos habían prestado.

Acababa de culminar, en junio de 1992, la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro. Luis Donaldo Colosio era el titular de la Secretaría de Desarrollo Social. En esa calidad decretó, aquel mes, la Reserva de la Biosfera El Pinacate y Gran Desierto de Altar, en Sonora, y la Reserva de la Biosfera Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado, en Sonora y Baja California, ambas en su estado y ambas con frontera con Estados Unidos. “Para Salinas fue un éxito eso, fue un hitazo frente a las críticas de que el TLC iba a ser el fin del medio ambiente”, afirma Exequiel Ezcurra, director general de Recursos Naturales del Instituto Nacional de Ecología (INE), que dependía de Sedesol. Y es que el talón de Aquiles en la negociación del TLC, para el gobierno de México, era lo ambiental, porque había organizaciones ecológicas muy importantes, contrarias al Tratado, que decían que el incremento del libre comercio iba a producir un mayor deterioro ambiental en América del Norte. En esa línea estaba sobre todo el Sierra Club, aunque también The Nature Conservancy e incluso el World Wildlife Fund. “Salinas quería desactivar esa bomba”, explica Ezcurra. “Su estrategia, y en eso Colosio era su operador, era que gracias al TLC se estaban mejorando las medidas de conservación al ambiente en México”.

Junto con las reservas de la biosfera decretadas en 1992, hubo una más, negociada en el curso de 1993: la Reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala, en la costa de Jalisco. El asunto de la reserva llegó formalmente a la Secretaría de Desarrollo Social en el otoño de 1992. Fue atendido por el titular del INE, pero en una estructura de trabajo dominada por el equipo de Manuel Camacho, en el momento más ríspido de la sucesión presidencial en el PRI. El licenciado Camacho, en efecto, había sido titular de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología con el presidente Miguel de la Madrid y parte de su equipo seguía ahí, en Sedesol, ya bajo las órdenes de Colosio. El problema era que la relación entre los dos, Camacho y Colosio, era bastante complicada desde que coincidieron ambos, uno como subsecretario, otro como director general, en la Secretaría de Programación y Presupuesto que encabezaba Salinas de Gortari. Y el problema también era que ambos aparecían, en opinión de la gente, como los precandidatos más fuertes del PRI en vísperas de la elección presidencial en México.

Pero había otras cuestiones que complicaban la creación de la Reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala. Había un pleito personal entre quienes estaban a favor de la conservación y quienes estaban a favor del desarrollo de esa parte de la costa de Jalisco. Y el conflicto entre ambos no estaba circunscrito a dos personas o dos grupos: involucraba también a las instancias en el gobierno responsables de su solución, divididas a su vez en dos visiones del asunto. Todo sucedía, además, en el contexto de la negociación del TLC, la sucesión presidencial, las riñas entre camachistas y colosistas dentro de la propia Sedesol. Colosio estaba bien dispuesto hacia la creación de la reserva, pero tenía que ser cuidadoso, pues corría el riesgo de ser atacado por defender los intereses de un grupo contra los intereses del desarrollo. Su estrategia, entonces, con el apoyo del INE, fue alejar el proyecto de reserva de las personas que estaban involucradas con alguna de las partes en conflicto para convertirlo en un proyecto nacional, basado en argumentos técnicos y científicos, alejado de los pleitos personales para convertirlo en un proyecto de México, con el apoyo de la UNAM.

El objetivo de la reserva era la conservación de un extenso fragmento de selva baja y un pequeño pero importante humedal formado por las venas del río Cuixmala. La selva baja no estaba entonces protegida en México. En ese tipo de selva, caracterizada por una marcada y prolongada estación seca, los pocos cuerpos de agua dulce permanentes desempeñaban un papel fundamental para la conservación de las especies. Eran el lugar donde los animales acudían a beber, su sitio de refugio en los meses del estiaje. Los humedales representaban nada más 3 por ciento de la superficie que tendría la reserva, pero su importancia era enorme, pues 27 por ciento de la flora regional y 35 por ciento de los vertebrados terrestres estaban restringidos a la zona de los humedales, que eran también el lugar atractivo desde el punto de vista del desarrollo. El gobierno de México tomó al final su decisión en favor de la conservación, con el apoyo de Colosio. Gracias a él, en parte, la costa de Jalisco es uno de los sitios que hemos podido cuidar bien para pasarlo a nuestros hijos.

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