Carta de viaje

'Playboy'

El mes pasado, Cory Jones, editor de Playboy, fue a ver al fundador de la revista, Hugh Hefner, a la Mansión Playboy. En un comedor cubierto de paneles de madera, con grabados de Picasso y De Kooning sobre las paredes, el señor Jones le presentó nerviosamente una propuesta radical: la revista, líder en la revolución que hizo que el sexo en Estados Unidos pasara de ser furtivo a ser ubicuo, debería dejar de publicar imágenes de mujeres desnudas. Hugh Hefner, quien tiene ahora 89 años, pero que sigue siendo el comandante en jefe, estuvo de acuerdo".

Así comienza el (multicitado) artículo que Ravi Somaiya publicó la semana pasada en The New York Times. Pero es evidente que no todo fue así de casual. La revista había sido superada por los cambios que ella misma comenzó a promover desde la década de los 50. Hacía tiempo que había perdido, como todas las publicaciones de su género, "su peso periodístico, su valor comercial y su relevancia cultural", en palabras de Somaiya. El tiraje de la revista bajó de 5.6 millones en 1975 (llegó a tirar 7 millones en noviembre de 1972) a 1.5 millones en 2011 a 800 mil en 2015. Todo cambió de pronto con la irrupción de internet, donde "con solo un click se accede hoy libremente a cualquier imagen sobre sexo". ¿Cómo responder a esa realidad? Había dos formas. Penthouse, el más conocido rival, trató de ser más explícito que nunca: fue un fracaso del cual no ha podido todavía reponerse. Playboy, en cambio, tomó otro camino. En agosto de 2014, su portal en internet dejó de publicar mujeres desnudas, con lo que las imágenes pudieron por primera vez transitar sin problemas por Facebook, Instagram y Twitter. Así que la decisión, anunciada la semana pasada, no era improvisada. Había que hacer algo frente a la crisis suscitada por la abundancia de cuerpos en internet, cuerpos mostrados en toda su intimidad. La compañía que edita Playboy gana la mayor parte de su dinero vendiendo su logo y su marca en el mundo (es una de las marcas más reconocibles, junto con Apple y Nike), pero la revista perdía un promedio de 3 millones de dólares anuales. Había que hacer algo, porque la revista no podía cerrar: "Es como nuestra vitrina en la Quinta Avenida".

Playboy seguirá publicando, a partir de marzo de 2016, la ficción, las entrevistas y el periodismo de investigación que le dieron celebridad, junto con las fotos de mujeres sin ropa (recuerdo ahora, en especial, las entrevistas a Nabokov, a John Lennon, a Jimmy Carter, a Malcom X...). Pero ya no publicará fotos de mujeres totalmente desnudas. Es una decisión que celebro. La celebro frente a la proliferación —fuera de internet, en los quioscos de periódicos, en todas partes— de imágenes corrientes y vulgares de nalgas y tetas que aparecen al lado de miembros cercenados y cabezas degolladas en los puestos de periódicos, imágenes repulsivas y nauseabundas. Playboy entendió que había que apostar por el misterio. El misterio que significaba, antes, una mujer desnuda y que significa, ahora, una mujer vestida. La primera portada de Playboy apareció en diciembre de 1953, con una foto de Marilyn Monroe, que está vestida, aunque decía así: "Marilyn Monroe desnuda" (ella no posó para la revista, pero Hefner compró los derechos de reproducción de la fotografía de Tom Kelley). La portada que celebró los 60 años de la revista, en enero-febrero de 2014, fue la de Kate Moss, quien aparece elegante y sensual, y también vestida. Ambas aparecen misteriosas y voluptuosas en parte, también, porque sus cuerpos no están completamente desnudos.


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