Carta de viaje

Personalidad de 2013

Cambió el tono, la percepción y el enfoque de una de las instituciones más grandes del mundo”, afirmó la revista Time al nombrar al papa Francisco la Personalidad del Año. Y matizó, para ser más claro: “No cambió las palabras, pero cambió la música”.

El cambio más visible está asociado con la personalidad del hombre que desde hace nueve meses gobierna en el Vaticano. Humilde, cálido y solidario, ha sido consecuente con su prédica contra la “idolatría del dinero”. No vive rodeado de cortesanos en el Palacio Apostólico Vaticano: habita entre sacerdotes en un hostal austero, la Casa de Santa María, en el cuarto 201, que tiene una cama, un crucifijo, un salón y un baño (antes de su elección residía en un apartamento de Buenos Aires, ajeno al lujo del Palacio del Arzobispado). Prefiere no usar el Mercedes de su antecesor: utiliza un Ford Focus para ir a su trabajo y, en las giras, ha sustituido el papamóvil blindado por un jeep blanco descubierto (antes de su elección usaba el autobús para ir a su trabajo y pasaba los fines de semana en las parroquias menos favorecidas, en contacto con los curas de las colonias más pobres de Argentina). Ha dicho que el Instituto para las Obras de la Religión (el banco del Vaticano) es necesario solo “hasta cierto punto”, y ha creado una comisión para mejor armonizar sus funciones con la misión de la Iglesia. Ha hablado también a favor del medio ambiente, llamando a políticos y empresarios a ser “protectores de la creación”. El tono es otro. Pero también la actitud respecto a los asuntos más polémicos de la Iglesia.

Las instrucciones que apelan al secretum pontificium (al secreto pontificio) sobre la paidofilia fueron reglamentadas desde 1974, pero Joseph Ratzinger las ratificó entre 1981 y 2005, cuando estuvo al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Todavía en mayo de 2001 envió un escrito a todos los obispos sobre los delitos más graves (Epistula de delitos gravioribus) en el que subrayaba que los casos de abuso estaban situados bajo el secretum pontificium, cuya vulneración podía atraer penas canónicas muy severas. El papa Francisco ha cambiado el enfoque para que la paidofilia sea llamada con su nombre: no un pecado, sino un delito, un crimen que debe ser perseguido y castigado por el derecho civil y penal, con el que los sacerdotes tienen la obligación de colaborar. Creó una comisión para investigar los abusos de los sacerdotes contra los niños y ha querido hablar de otros temas que están relacionados. Acepta que el celibato de los sacerdotes no es un dogma, sino una tradición eclesiástica que se puede discutir. A pesar de ser conservador en cuestiones de doctrina, como su antecesor, ha cambiado el tono y el enfoque de la discusión. Está contra el aborto y la eutanasia, contra el sacerdocio ejercido por la mujer, contra el matrimonio de personas del mismo sexo, incluso contra el uso de anticonceptivos. Ha defendido la postura de la Iglesia en estos temas, pero también ha dicho que ellos no deben ser una obsesión. Y ha tenido el valor de confrontar sus convicciones con preguntas: sobre los homosexuales que buscan el camino del Señor (“¿quién soy yo para juzgarlos?”) o sobre las mujeres que abortan en casos muy extremos, como una violación (“¿cómo permanecer insensible frente a una situación tan dolorosa?”).

La tolerancia religiosa es otro de los ámbitos donde es visible el cambio. Ratzinger publicó en 2000 el texto Dominus Iesus, que condenaba “las teorías relativistas que buscan justificar el pluralismo religioso”. ¿Qué diálogo podía tener un cristiano con un musulmán? Ninguno. El propio Benedicto XVI eliminó la Congregación para el Diálogo Interreligioso. No le interesaba hablar con las otras religiones, en particular con el islam. Al defender su postura, afirmó que el diálogo entre las religiones debía tener lugar sobre la base de la igualdad de la dignidad humana, pero que esta igualdad no debía implicar que cada lado tuviera igualmente la razón. Es muy distinta la postura de Francisco. “Dios nos ha redimido a todos, no solo a los católicos”, dijo. Autor del libro Sobre el cielo y la tierra con el rabino Abraham Skorka, rector del Seminario Rabínico de América Latina; promotor desde hace tiempo de encuentros entre evangélicos y católicos, interlocutor del islam, que decidió tomar distancia de Benedicto XVI cuando éste citó un documento medieval que llamaba “maléfico e inhumano” a Mahoma.

Sabemos que el cónclave de 2005 produjo una elección reñida entre dos hombres, el cardenal Joseph Ratzinger y el cardenal Jorge Mario Bergoglio, que representaban dos visiones de la Iglesia. Una, cerrada y pura; otra, abierta y tolerante. El tono del segundo comenzó a ser notado desde el principio, como en las palabras con que recibió a los periodistas que lo fueron a ver luego de su elección: “Muchos de ustedes no pertenecen a la Iglesia católica y otros no son creyentes, pero respetando la conciencia de cada uno, os doy mi bendición sabiendo que cada uno de vosotros es hijo de Dios. ¡Que Dios los bendiga!”.

ctello@milenio.com