Carta de viaje

Paz, poeta del amor

He vuelto a leer "La llama doble" de Octavio Paz, que me encanta, y he querido compartir con ustedes, sus lectores, algunas de sus reflexiones.

Octavio Paz publicó La llama doble en 1993. Un año después había sido reimpreso cinco veces en México. Es por mucho su libro más popular entre los lectores; también uno de sus textos más íntimos. Le tomó menos de dos meses escribirlo, aunque llevaba pensando en él desde su adolescencia. Escribía desde entonces poemas de amor y leía comedias, tragedias, novelas y versos de amor. Y luego él mismo conoció el amor, muchas veces, de distintas formas. Al menos tres de ellas son conocidas. Vivió, dijo en un carta, “la enfermedad amorosa” con la escritora Elena Garro, después “el hachazo, la puñalada trapera, el rayo” con la pintora Bona Tibertelli. Más tarde, tenía ya más de cincuenta años, vivía en la India, conoció a Marie-José Tramini. “Una mujer muy joven”, escribió Enrique Krauze en el gran retrato de Paz que hizo en Redentores, “tan extraordinariamente bella y talentosa como alegre, providente y fiel, que lo acompañaría por fin, en un amor vital y pleno, para toda la vida”. Es la mujer que evoca Paz al comienzo de La llama doble: “Hacia 1965 vivía yo en la India; las noches eran azules y eléctricas como las del poema que canta los amores de Krishna y Radha. Me enamoré. Entonces decidí escribir un pequeño libro sobre el amor que, partiendo de la conexión íntima entre los tres dominios —el sexo, el erotismo y el amor— fuese una exploración del sentimiento amoroso”.

Sexualidad, erotismo y amor. “El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y ésta, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida”. He vuelto a leer este libro de Paz, que me encanta, y he querido compartir con ustedes, sus lectores, algunas de sus reflexiones, muchas de ellas epigramas, que cito de acuerdo al lugar que ocupan en ese fuego elemental que se eleva y se purifica para convertirse en llama:

“Sexo, erotismo y amor son aspectos del mismo fenómeno, manifestaciones de lo que llamamos vida. El más antiguo de los tres, el más amplio y básico, es el sexo”.

“La especie humana padece una insaciable sed sexual y no conoce, como los otros animales, periodos de celo y periodos de reposo”.

“El sexo es subversivo: ignora las clases y las jerarquías, las artes y las ciencias, el día y la noche”.

“Poseer un cuerpo y recorrer en él y con él todas las etapas del abrazo erótico, sin excluir a ninguno de sus extravíos o aberraciones, es repetir ritualmente el proceso cósmico de la creación, la destrucción y la recreación de los mundos”.

“El erotismo no es mera sexualidad animal: es ceremonia, representación”.

“Amor sin erotismo no es amor y erotismo sin sexo es impensable e imposible”.

“El territorio del amor es un espacio imantado por el encuentro de dos personas”.

“La emergencia del amor es inseparable de la emergencia de la mujer. No hay amor sin libertad femenina”.

“El amor es un nudo en el que se atan, indisolublemente, destino y libertad”.

“Uno de los grandes misterios humanos: la mezcla inextricable de odio y amor, despecho y deseo”.

“El amor humano es la unión de dos seres sujetos al tiempo y a sus accidentes: el cambio, las pasiones, la enfermedad, la muerte (…) Por esto, todo amor, incluso el más feliz, es trágico”.

“Cada vez que el amante dice: te amo para siempre, confiere a una criatura efímera  y cambiante dos atributos divinos: la inmortalidad y la inmutabilidad. La contradicción es en verdad trágica: la carne se corrompe, nuestros días están contados. No obstante, amamos”.

“La exigencia de exclusividad es un gran misterio: ¿por qué amamos a esta persona y no a otra?

“El amor y la amistad son pasiones raras, muy raras”.

“El gran ausente de la revuelta erótica de este fin de siglo ha sido el amor”.

“En todos los amores, aun en los más trágicos, hay un instante de dicha”.

“El amor es una prueba que a todos, a los felices y a los desgraciados, nos ennoblece”.

El Diccionario de Autoridades registra otra palabra hoy en desuso pero empleada por Petrarca: comphatía (…) ¿Cómo definir a este sentimiento? No es un afecto de la cabeza ni del sexo sino del corazón. Es el fruto último del amor, cuando se ha vencido a la costumbre, al tedio y a esa tentación insidiosa que nos hace odiar todo aquello que hemos amado”.

ctello@milenio.com