Carta de viaje

Mariguana

Estamos ante esta disyuntiva: o nos resignamos a que los mercados de las drogas sigan en manos de los criminales o las controlamos y regulamos por medio de los organismos del Estado.

Ayer

La mariguana es originaria de China, donde han sido encontrados los restos más antiguos, que los expertos fechan alrededor de 4000 antes de Cristo. Los chinos hacían un uso ritual y lúdico del cáñamo, igual que los asirios. También los hindúes, que daban a la planta un origen divino asociado a Visnú. La mariguana llegó a Europa con los celtas, que vendían estopas y cuerdas de cáñamo para diferentes usos, entre ellos el ritual, por medio de pipas. Los griegos aspiraban el humo con fines ceremoniales, en inciensos y sahumerios, y los romanos fumaban las flores, una costumbre heredada de los celtas. La resina de la planta, en fin, fue también apreciada por los árabes. Así, la mariguana fue conocida por todos los pueblos de la Antigüedad. Era común entre ellos alabar la moderación en el consumo. Así comenta un tratado de medicina chino: “El cáñamo tomado en exceso hace ver monstruos, pero si se usa largo tiempo puede comunicar con los espíritus y aligerar el cuerpo”. Y así dice un proverbio marroquí: “El kif es como el fuego: poco, calienta; mucho, quema”.

La mariguana fue bautizada con el nombre de cannabis sativa por el naturalista sueco Linneo, pero los primeros estudios fueron hechos más tarde, a fines del siglo XVIII, por los científicos que acompañaron a Napoleón en su expedición a Egipto. A lo largo del siglo XIX, decenas de artículos fueron escritos sobre la mariguana. En 1894, el gobierno de Reino Unido publicó en siete volúmenes la palabra final, que concluye así: “El uso moderado no produce prácticamente ningún efecto nocivo, y el trastorno que produce un uso excesivo se limita casi exclusivamente al mismo consumidor; el efecto sobre la sociedad es raras veces apreciable”.

Hoy

El uso de la mariguana comenzó a ser penalizado en todo el mundo a principios del siglo XX. En 1911 fue prohibido en Sudáfrica, en 1920 en Inglaterra, en 1923 en Canadá, en 1937 en Estados Unidos. Los mexicanos solían fumar cigarrillos de mariguana, sin problemas, hasta 1920: eran incluso publicitados por la Compañía El Buen Tono. Pero ese año, como en otras partes del mundo, la mariguana fue también prohibida en México.

Las razones de la prohibición son un misterio. El consumo de la mariguana no es más dañino, ni para quien la consume ni para su entorno, que el consumo de drogas que son legales como el alcohol y el tabaco. Es al contrario menos dañino, de acuerdo con estudios publicados en algunas de las revistas de salud más prestigiosas, como The Lancet. Pero las cárceles en el país están llenas de mexicanos detenidos por consumir o vender mariguana, de acuerdo con la Encuesta en Centros Penitenciarios Federales de 2012 levantada por el CIDE: “60.2% de la población recluida en centros penitenciarios federales estaba allí por delitos contra la salud. De esos, 38.5% había sido condenado por mera posesión. Por su parte, 58.7% de los reos sentenciados por delitos contra la salud lo había sido por actos relacionados con el cannabis”. Y las organizaciones criminales que trafican con droga —que se dedican también a cosas peores— tienen ahí una de sus fuentes de ingreso más importantes: alrededor de dos terceras partes de los ingresos de los cárteles de la droga en México provienen de la venta de mariguana en Estados Unidos. Y la represión, que ha costado miles de vidas y mucho dolor, no ha parado la venta de mariguana: el principal exportador mundial de mariguana es hoy en día América Latina.

Por todo esto es importante la iniciativa de ley para regular el uso de la mariguana presentada en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. No va a ser fácil aprobarla —no está claro, por ejemplo, cuál vaya a ser la postura del gobierno federal—, pero nos va a poner a discutir el tema. Y nos va a ayudar a discutirlo, pues el consenso mundial creciente sobre la despenalización contrasta con el vacío persistente en torno al tipo de arreglo que deberá reemplazar la política de prohibición. No tener una visión clara del mundo postprohibición —con drogas reguladas, pero no prohibidas— ha bloqueado tenazmente el debate sobre su despenalización. La iniciativa de ley presentada en la Asamblea hace una descripción de lo que sería vivir con mariguana legal en el Distrito Federal. No es posible pensar en una sociedad sin drogas, aunque a ella debamos aspirar. Por eso, estamos ante esta disyuntiva: o nos resignamos a que los mercados de las drogas sigan en las manos de los criminales, que obtienen ganancias gigantescas sin regulación alguna, o las controlamos y regulamos por medio de los organismos del Estado.

ctello@milenio.com