Carta de viaje

Grecia y Europa

Esa nación surgió en el siglo XIX como un país independiente y orgulloso, pero miserable.

El cazador, cazado. Europa acepta extender el rescate —luego de que Grecia abandonó casi todas sus demandas. Ahora Syriza tiene que dar una explicación a sus electores”. Con estas palabras comienza el artículo que dedica al tema la revista The Economist. El rescate estaba a punto de terminar pasado mañana, 28 de febrero: fue extendido por cuatro meses más, en los cuales habrá recursos para que pueda permanecer a flote la economía de Grecia. Syriza no tenía mucho margen de maniobra: los griegos (los que pueden) retiraban su dinero de los bancos a un ritmo de varios cientos de millones de euros diarios. Y Europa sabe que Grecia puede salir de la eurozona sin mayor consecuencia para los demás, pues tiene una economía equivalente a menos de 3 por ciento de su PIB. Ahora, el gobierno de Alexis Tsipras tendrá que presentar una serie de medidas que deberán cumplir con las condiciones de la extensión del rescate para ser aceptadas por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Y tendrá que explicarle esas medidas a los griegos que votaron a fines de enero por un partido, el suyo, que llegó al poder con la promesa de dejar atrás los rescates que implicaban más y más austeridad.

Hace tres semanas, el gobierno de Syriza hizo declaraciones en el sentido de que Alemania tenía que enfrentar su responsabilidad en la destrucción de Grecia durante la Segunda Guerra. La destrucción fue gigantesca: entre 1941 y 1944, cuando el país estuvo ocupado por los nazis, uno de cada 14 griegos murió, muchos por hambre, y mil 600 pueblos fueron arrasados. Alemania no ha pagado las indemnizaciones por esa guerra, dice Atenas. Berlín lo niega. Las cosas, en todo caso, son más complejas. Grecia surgió en el siglo XIX como un país independiente y orgulloso, pero miserable. Entre 1890 y 1914, empujada por el hambre, emigró la sexta parte de su población. Durante la guerra de 1914, el país, dividido, sufrió la invasión de los Aliados y las Potencias Centrales. Más tarde protagonizó un conflicto de tres años con Turquía, al final del cual tuvo que renunciar a Tracia y Esmirna, y aceptar la repatriación de un millón 400 mil griegos que vivían en Asia Central, descendientes de las civilizaciones de Mileto, Efeso y Halicarnaso. Las cosas mejoraron en 1981: Grecia se convirtió en miembro de la Comunidad Europea, recibió millones de dólares de fondos de la Comunidad, proporcionalmente más que cualquier otro país en Europa. Pero vino el endeudamiento para celebrar los Juegos Olímpicos de 2004, el gasto para hacer frente al colapso de pagos de 2008 y el estallido de la crisis en 2010.

Grecia no ha logrado cambiar los términos del pago de su horrible y gigantesca deuda, que equivale a más de 175 por ciento del PIB. Su economía seguirá siendo supervisada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI. Al menos por cuatro meses más. ¿Qué sucederá después, cuando termine la extensión del rescate? Las condiciones que habrá de exigir Europa son contrarias a las promesas de Syriza. Quizá sea necesario un referendo —o nuevas elecciones—. Syriza prometió cancelar el memorándum de austeridad que los europeos exigen como condición para aportar más fondos a Grecia. Pero no planteó el escenario de abandonar el euro, salir de la comunidad, cancelar el pago de su deuda. Esa puede ser una opción. ¿Es la que prefieren los griegos? Syriza ganó con 36% de los votos, pero los partidos de la austeridad obtuvieron, juntos, una votación similar: Nueva Democracia 28%, To Potami 6% y Pasok 4%. Habrá que escoger el menor de dos males.

ctello@milenio.com