Carta de viaje

EZLN: plan militar de 1993

El 1 de enero de 1994, al tomar la plaza de San Cristóbal, el subcomandante Marcos habría de resumir con claridad las instrucciones dadas al EZLN. “Nuestra orden es llegar a todos los lugares a donde podamos. Cuando ya se hayan tomado unas plazas nos dirigiremos a otras”. Así lo escribió él mismo con pintura en el muro de una casa de San Cristóbal: Gracias por todo a todos. Gracias coletos. Nos fuimos a Rancho Nuevo. Después a Tuxtla. Ya no habrá descanso. El propósito de todas esas tomas era desencadenar la insurrección en México.

El plan de guerra del EZLN en 1993 sería más tarde revelado por Salvador Morales, el subcomandante Daniel, quien luego de salir del país, peleado con Marcos, habría de retornar para colaborar con los organismos de seguridad del Estado. El testimonio de Morales es consistente con otros recopilados entre los ex zapatistas entrevistados hace veinte años en Las Cañadas de la Selva Lacandona. De acuerdo con ellos, el 1er Regimiento del EZLN, al mando del mayor Moisés, avanzaría por Las Margaritas hacia Comitán, para después continuar su desplazamiento, bajo las órdenes del subcomandante Pedro, hasta los confines de la 31 Zona Militar. A su vez, el 3er Regimiento, al mando del mayor Mario, ocuparía la cabecera de Ocosingo, sin chocar con el Ejército, que sería emboscado en la carretera de Palenque por los hombres del mayor Josué. Las órdenes de Josué, luego de cumplir esa misión, eran destruir el ferrocarril de Salto de Agua, para después amenazar los pozos y las refinerías de Ciudad Pemex, en el sur de Tabasco. El 5° Regimiento, uno de los más numerosos, al mando del mayor Alfredo, pasaría por Chanal y por Altamirano con instrucciones de participar, más tarde, en las acciones de Rancho Nuevo. Alfredo, un tzeltal de Ocosingo, con estudios de preparatoria, tenía fama de ser el cuadro mejor preparado del EZLN. A su lado, en el plan de acción, el 7° Regimiento, al mando de la mayor Yolanda, llegaría con Marcos hasta San Cristóbal de Las Casas. Yolanda sería conocida por la prensa, durante el estallido, con el nombre de Ana María. Era la esposa del subcomandante Marcos.

El objetivo de los guerrilleros era tomar Rancho Nuevo, para luego, pertrechados en el cuartel, marchar con dirección a Tuxtla. Estaban ya concebidos, desde la primavera, los cortes de carretera que frenarían el paso del Ejército. Sus mandos, a pesar de todo, tenían dudas sobre las operaciones. “Habíamos aprendido a pelear, pero nunca lo habíamos hecho realmente”, habrían de confesar. “Además, íbamos a un terreno que no era el nuestro: el terreno del enemigo”. El subcomandante Marcos estimaba contar con ciento treinta hombres —entre oficiales, insurgentes y reclutas— para dirigir a más de cuatro mil milicianos. Eran muchos, aunque nada más unos dos mil estaban armados con rifles, y solo unos trescientos con fusiles y subametralladoras (sobre todo SKS y Sten). Los demás efectivos del EZLN, unos quinientos, no participarían en las acciones de los Altos; esperarían en la Selva, a cargo de la retaguardia, bajo las órdenes del mayor Rolando, un mestizo de origen obrero, reclutado en Monterrey.

Los planes de guerra del EZLN en Chiapas —es decir, en el Frente Sur-Oriental— contemplaban también acciones en el Frente Norte y en el Frente Para-Central. En el Frente Norte sus miembros no tenían recursos ni simpatizantes: estaban encerrados en una casa de seguridad, sin contacto con el exterior. En esas condiciones no podían hacer nada en ayuda del subcomandante Marcos. Sería más eficaz el apoyo que le dieron las células del Frente Para-Central. Allí, los zapatistas hicieron al menos acto de presencia. No tenían hombres suficientes para realizar acciones de propaganda revolucionaria, por lo que, en su lugar, emprendieron operaciones de sabotaje: derribar una serie de torres de la Comisión Federal de Electricidad. Estaban todas localizadas en el centro del país, algunas en Coatzacoalcos, Veracruz, otras en Tehuacán, Puebla, unas más en Uruapan, Michoacán. Había que aprovechar al máximo la presencia que tenían los guerrilleros en esa parte del país. Las montañas del Frente Para-Central ofrecían, sin duda, menos ventajas tácticas, pero más posibilidades estratégicas que las cañadas del Frente Sur-Oriental.

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