Carta de viaje

Desigualdad extrema

México necesita un gran pacto nacional por la igualdad. Es una simple y grande verdad.

Ochenta personas en el mundo poseen, hoy, la misma riqueza que la mitad de la población mundial. Así lo reveló Oxfam a principios de este año, al detonar un movimiento global contra la desigualdad en el contexto de la campaña IGUALES. Como parte de esta campaña, Oxfam-México presentó a mediados de junio el informe del economista Gerardo Esquivel que desde entonces ha sido comentado y elogiado, con razón, por toda la prensa del país. La desigualdad económica es la tendencia más preocupante en el horizonte de 2015, afirma el Foro Económico Mundial. Es una tragedia que afecta a todo el mundo, aunque está concentrada en algunas regiones, entre las que destaca el continente que concentra también (no es azar) los índices más altos de criminalidad: América Latina. México ocupa en nuestro continente un lugar especialmente vergonzoso.

La desigualdad en nuestro país es antigua. Ya a principios del siglo XIX, Alexander von Humboldt escribía con asombro sobre la disparidad de la riqueza que observaba, en el Ensayo político sobre el reino de la Nueva España. Hoy, sin embargo, dos siglos más tarde, la desigualdad ha adquirido un nivel inédito, jamás antes visto, gigantesco y trágico. Es el panorama que retrata en su informe Gerardo Esquivel, economista doctorado en Harvard, hoy profesor en la UNAM, que tuvo que ver por cierto, como asesor y traductor del FCE, en la publicación en México del libro sobre la desigualdad de Thomas Piketty, a quien conoció de lejos en Harvard, cuando Piketty era un joven profesor de 23 años en MIT.

Estas son algunas de las cifras del informe de Esquivel. En México, el 10 por ciento más rico de la población concentra 64 por ciento de toda la riqueza del país. Pero incluso en ese grupo, la riqueza está escandalosamente concentrada. Pues 1 por ciento de la población tiene 21 por ciento del ingreso y posee, además, 43 por ciento de la riqueza del país, y en ese 1 por ciento están los cuatro hombres más ricos de México. Ellos eran dueños en 2002 de 2 por ciento del PIB; diez años después son ya dueños de 9 por ciento. Y mientras estos cuatro multimillonarios tienen una riqueza que representa alrededor de la décima parte del PIB, más de la mitad de los mexicanos vive en pobreza. Más de 50 millones, casi la mitad de los cuales, 23 millones, no pueden adquirir la canasta básica —es decir, pasan hambre.

“En 20 años, el PIB de México creció solo en una cuarta parte, mientras las fortunas de los 16 mexicanos más ricos se multiplicó por cinco. Y, sin embargo, más de la mitad de los mexicanos y mexicanas vive en pobreza”. ¿Por qué? El título del informe de Esquivel es Desigualdad extrema en México y el subtítulo, Concentración delpoder económico y político. El autor habla de los cuatro grandes multimillonarios de México. “Aunado a su extrema riqueza, ¿qué es lo que tienen en común estas cuatro personas?”, pregunta. “Que todas derivan una parte significativa de su fortuna de sectores privatizados, concesionados y/o regulados por el sector público”. La telefonía, la minería, la televisión… “En su calidad de empresarios multimillonarios a quienes el Estado constantemente supervisa o regula, es de su total interés el intervenir tanto como puedan en los instrumentos u organismos que se encargan de la regulación, supervisión y vigilancia; es decir, de capturar políticamente al Estado mexicano”. Lo han capturado ya, por falta de regulación o por exceso de privilegios fiscales. Pero el proceso puede ser revertido. México necesita un gran pacto nacional por la igualdad. Es una simple y grande verdad. Construir ese pacto no es fácil, pero será factible en la medida en que haya, como comienza a haber, la conciencia de que es inadmisible que siga creciendo la brecha entre los más ricos, unos pocos, y el resto de la población.

ctello@milenio.com