Carta de viaje

El Danubio de Claudio Magris

Viena, Bratislava, Budapest, Belgrado… El río pasa por todas estas capitales. Quizás ningún otro en el mundo está tan lleno de historia como el Danubio, que simboliza a Europa en la Fuente de Bernini.

Claudio Magris es escritor y traductor y, como tal, divulgador de la cultura centroeuropea, con libros que están situados en un género propio, entre la narración, el ensayo, la autobiografía y la literatura de viajes. Quizás el más célebre de todos sea El Danubio (en italiano, el título es más breve: Danubio).

El Danubio corre desde la Selva Negra de Alemania, en el corazón de Europa, hasta el Mar Negro, ya en Asia. Los antiguos llamaban Danubio a la parte superior e Istro a la parte inferior, y Plinio y Ptolomeo se preguntaban dónde acababa uno y empezaba el otro y por qué tenía dos nombres. También son dos los pueblos que durante siglos han disputado el honor de ser la cuna del Danubio, ambos localizados en la Selva Negra: uno es Furtwangen, el otro es Donaueschingen. Los dos dicen ser el lugar donde nace el Danubio. La llamada Fuente del Danubio está en Donaueschingen, pero los habitantes de Furtwangen aseguran que ahí surge la corriente de agua que está más alejada del Mar Negro: 2 mil 888 kilómetros, casi 48 kilómetros más que la que surge en Donaueschingen.

Viena, Bratislava, Budapest, Belgrado… El río pasa por todas estas capitales. Quizás ningún otro en el mundo está tan lleno de historia como el Danubio, que simboliza a Europa en la Fuente de Bernini, en la Piazza Navona. “Río de la melodía”, lo llamaba, extrañamente, Hölderlin.

Magris recorre la historia de Europa en un viaje por el Danubio. Pasa por Messkirch, a orillas del río, donde visita la casa en la que nació y vivió de chico Martin Heidegger, hijo del sacristán del pueblo, y luego por Ulm, también sobre el río, arrasada por la Segunda Guerra (solo 2 mil 633 de
sus 12 mil 795 edificios se salvaron de las bombas), donde fue celebrado el funeral de Estado del mariscal Rommel, ejecutado sin embargo por los hombres contra los que estaba rebelado: los verdugos del Tercer Reich. Magris cruza luego por Günzberg, un pueblo de casas amables donde nació Josef Mengele, el más atroz asesino de Auschwitz, y más adelante por Augsburg, donde el 12 de octubre de 1435 el duque Ernesto de Baviera hizo ahogar en el río a la bellísima hija del barbero, acusada de bruja por haber enamorado a su hijo Alberto. Así, el viajero y autor, con el río como guía, avanza y retrocede en la historia de Europa Central. Visita Regensburg, en Bavaria, en la confluencia del Danubio y el Regen, donde en 1630 murió Kepler. Pero la tragedia del siglo XX lo persigue, porque visita también el convento de Windber, donde encuentra unas líneas que escribió Eichmann, tecnócrata del Holocausto, y visita, más adelante, la ciudad de Linz, donde descubre la casa donde vivió Hitler.

En Passau confluyen dos ríos en el Danubio: el pequeño Ilz y el enorme Inn. ¿Por qué el Inn confluye en el Danubio y no el Danubio en el Inn? Desde hace dos siglos, los geógrafos afirman que el Inn es más amplio, más profundo y más caudaloso que el Danubio. En Kierling muere, el 3 de junio de 1924, Franz Kafka, en un sanatorio donde tenía la ilusión de encontrar la cura de sus males. En Viena, Magris visita la casa que construyó el filósofo Ludwig Wittgenstein, el apartamento donde nació María Vetsera (amante del archiduque Rodolfo, muerto con él en Mayerling), los cafés que frecuentaban Lukácz, Freud y Joseph Roth. En Bratislava ve una estatua que recuerda el paso por la ciudad de un hombre de leyenda: Paracelso. En Budapest se detiene para hacer un homenaje a Janos Kádár: militante comunista, combatiente antifascista, torturado por la policía de Stalin (que le arrancó las uñas), hombre de la represión soviética de 1956 y estadista que llevó a su país al máximo grado de independencia respecto del comunismo ortodoxo. Pasa por Mohács, el campo de batalla donde, el 29 de agosto de 1526, los turcos vencieron a los húngaros y avanzaron hacia Europa. En Cernauti, Rumania, en un afluente del Danubio, recuerda al poeta Paul Celan, quizás el más grande del siglo, hijo de judíos rumanos muertos en el Holocausto, él mismo suicidado en otro río, el Sena, donde se arrojó la noche del 19 de abril de 1970 desde el Puente Mirabeau (Sous le Pont Mirabeau coule la Seine Et nos amours…). En Belgrado recuerda el paso del emperador Trajano. Y en Bulgaria, en fin, se topa con Asia. El Danubio llega al Mar Negro y, cree la gente, lo atraviesa para bajar por el Bósforo y llegar todavía perfectamente puro a Estambul.

ctello@milenio.com