Carta de viaje

Cuestionamiento a las encuestas

Estos ejercicios son diagnósticos, no pronósticos. Pero también son una proyección de los escenarios más probables.

En el correo electrónico con que fue presentada su tercera @GranEncuesta, Consulta Mitofsky añadió una nota al final del texto, que dice así: “¿Vieron lo ocurrido con las encuestas en UK? Es lo mismo que ha pasado en Brasil, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Panamá, Venezuela y hasta en EUA y México; es hora de entender que lo de no son pronósticos es más que una frase, es la realidad, porque no es esa la función de la medición de las opiniones ciudadanas”. No comparto esta opinión de mis amigos Roy Campos y Marcelo Ortega. Las encuestas son, en efecto, diagnósticos, no pronósticos. Son una foto que muestra el estado de las preferencias en el momento de ser levantadas —preferencias que cambian con el tiempo—. Pero las encuestas también son una proyección de los escenarios más probables. Una serie de diagnósticos, hecho de manera regular por un periodo prolongado, es sin duda capaz de mostrar una tendencia, que se confirma o se desmiente conforme se acerca el día de la elección. Las encuestas más cercanas a la fecha de las elecciones, si confirman la tendencia, son una predicción de lo que habrá de suceder. Si la predicción resulta equivocada, tenemos derecho a suponer que la encuesta estuvo mal hecha. Es lo que acaba de pasar en el Reino Unido. Las encuestas fueron las grandes perdedoras de las elecciones, junto con el Partido Laborista. Todas ellas mostraban, hasta el final, una elección muy apretada. Ipsos/MORI, una de las más respetadas, publicó sus cifras en los últimos días: 36 para los Conservadores y 35 para los Laboristas. ICM, avalado por The Guardian, dio cifras similares, pero inversas: 35 para los Laboristas y 34 para los Conservadores. El conjunto agregado de las encuestas daba 278 escaños a los Conservadores y 267 a los Laboristas, una elección muy pareja, pero el resultado final fue 331 para los Conservadores y 232 para los Laboristas. Una gran victoria y una gran derrota. ¿Qué sucedió?

“Puede ser que la gente le mintió a los encuestadores”, escribió un editor en The Guardian. “Lo que parece que pasó es que la gente dijo una cosa a las encuestas pero hizo otra en las urnas”, coincidió uno de los encuestadores más famosos, presidente de YouGov. Puede ser, en cuyo caso es un problema que las encuestas deben resolver, pero no parece que así haya sido, porque el exit poll predijo con exactitud el resultado final: la gente que votó no sintió la necesidad de mentir para dar una respuesta socialmente aceptable. Los mercados de apuestas, por cierto, a pesar de que tampoco predijeron el triunfo abrumador del Partido Conservador, tuvieron siempre, consistentemente, a los Conservadores arriba de los Laboristas. Tres días antes de la elección, cuando ambos partidos estaban empatados en las encuestas, Betfair, el mercado de apuestas más grande en internet, mostraba que el partido de Cameron tenía un 83 por ciento de probabilidades de ganar la mayoría de los escaños en el Parlamento. Las apuestas fueron así más certeras que los encuestadores.

“¿Cómo reaccionaron los partidos perdedores ante resultados tan alejados de los datos de los sondeos de opinión?” preguntó Jacqueline Peschard en un artículo en El Universal titulado, justamente, “Las encuestas fallaron”. “Una vez que se evidenció el triunfo contundente de los conservadores, Ed Miliband no solo aceptó la derrota, sino que renunció a la dirección del Partido Laborista. Gran diferencia con lo que suele suceder en nuestro país”. En México, las encuestas coinciden en el orden en que aparecen los partidos en las preferencias de los mexicanos: a la cabeza va el PRI, luego el PAN, después el PRD, seguidos por Morena y el Verde más o menos empatados. No sabemos si así van a quedar el día de las elecciones, aunque es lo más probable. Lo que sí es seguro es que los partidos perdedores no van a aceptar los resultados, ni sus dirigentes van a renunciar.

ctello@milenio.com