Carta de viaje

Calentamiento global

El pasado viernes fue dado a conocer el quinto informe de evaluación climática del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que reúne a más de 250 científicos de todo el mundo, expertos en el tema, bajo los auspicios de la ONU. El informe fue leído en México en el contexto de los destrozos provocados desde mediados de septiembre por el paso de los huracanes Ingrid y Manuel. ¿Qué dice? Que el calentamiento global empezó a ser registrado a mediados del siglo XX. Que, hoy, la temperatura media del planeta es 0.85 grados más alta que hace un siglo, debido a la acumulación de gases de efecto invernadero desde la Revolución Industrial. Que la temperatura del mar, en concreto, aumenta la cantidad de humedad que los huracanes desplazan hacia los continentes. Que medio billón de toneladas métricas de carbono ha sido ya quemado y emitido en el curso de los últimos dos siglos, y que la otra mitad podría ser emitida en un puñado de años, antes de 2040. Que, hacia 2100, la temperatura del planeta subirá entre 0.3 y 4.8 grados, y que el nivel del mar aumentará entre 26 y 82 centímetros. Sabemos que los países industrializados dicen estar comprometidos con una agenda que evite que la temperatura aumente más de dos grados, pues un incremento mayor sería desastroso.

¿Qué ocasiona el cambio climático? Fundamentalmente tres cosas, responde el Centro Mario Molina en Migración humana y cambio climático, publicado por Fundación BBVA Bancomer en 2013. Uno, la explosión demográfica (“en 1950 la Tierra contaba con 2 mil 500 millones de habitantes, en la actualidad hemos rebasado los 7 mil millones”); dos, la demanda de energía (“si bien la población mundial se triplicó en menos de 100 años, la demanda de energía se ha multiplicado por un factor de doce”), y tres, las características de las tecnologías utilizadas (“mayoritariamente dependientes de combustibles fósiles”). Todo esto crece, no disminuye, año con año: la población en el mundo, la demanda de energía y el uso del petróleo.

México no es uno de los países que tienen más responsabilidad en el calentamiento global: aporta apenas el 1.4 por ciento del total mundial de gases de efecto invernadero (GEI). Pero es una de las principales víctimas. “Nuestra ubicación geográfica y los 11 mil 200 kilómetros de litorales nos hacen altamente vulnerables al cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos que están asociados al mismo, como los huracanes, sequías, hondas de calor y heladas” (Juan José Guerra Abud, Reforma, 30-09-2013). “Los efectos meteorológicos extremos ocurren en nuestro territorio por estar situado en la franja intertropical del planeta, con enormes cadenas montañosas y entre los dos océanos más grandes del mundo” (Julia Carabias, Reforma, 28-09-2013). En México, por estas razones, es previsible que haya, en las décadas que vienen, por causa del calentamiento global, sequía extrema en el norte del país, aumento del nivel del mar, lluvias e inundaciones en el sur y sudeste y escasez de agua en el centro.

¿Podemos hacer algo para revertir este fenómeno? Muy poco, por la razón que da en el libro ya citado el Centro Mario Molina. “El calentamiento provocado por el hombre y el aumento del nivel del mar proseguirán durante siglos debido a la magnitud de las escalas de tiempo asociadas a los procesos climáticos”, afirma, “incluso aunque se estabilizaran las concentraciones de GEI”. Es cierto, los daños no son ya reversibles, solo limitables. Por eso no podemos prevenirlos: debemos adaptarnos.

México no ha hecho un esfuerzo de adaptación y prevención frente a los fenómenos meteorológicos asociados al calentamiento global. El país no puede impedir que las sequías sean cada vez más extremas, que los huracanes sean cada día más violentos, pero puede en cambio estar mejor preparado para recibirlos. No lo está. Las inundaciones han descubierto la corrupción y la negligencia del gobierno federal y los gobiernos estatales y municipales. Así lo demuestra la tragedia de Guerrero. El cauce natural del río Sabana desapareció en la zona oriente de Acapulco Diamante, lo que provocó la inundación en la colonia Colosio. Una parte de los humedales de la Laguna de Tres Palos fue urbanizada, lo que provocó la destrucción de la unidad del Infonavit. El agua de los torrentes no pudo ser filtrada en el suelo debido a la desforestación en la sierra, lo que provocó los deslaves de montañas que sepultaron a poblados enteros en Guerrero. Pero todo indica que la reconstrucción ocurrirá en los sitios donde, por ser áreas de riesgo, nada debió haber sido construido inicialmente. ¿Pues adónde, si no, pueden ir a vivir todas esas personas que lo perdieron todo, a trabajar en qué? Ésta es la pregunta que hay que responder para prevenir los desastres que sabemos de antemano que van a suceder si las cosas no cambian.