Carta de viaje

Auschwitz

En el Holocausto murieron más de 6 millones de hombres y mujeres, de los cuales un millón y medio eran niños.

Los soldados soviéticos del primer frente de Ucrania fueron los primeros en entrar en Auschwitz. El lugar estaba casi desierto: erraban en él, esqueletos entre la nieve, unos 9 mil sobrevivientes que habían logrado sustraerse a la evacuación del campo, la llamada Marcha de la Muerte. Entre ellos estaban el holandés Otto Frank, padre de Ana, que publicaría después el diario de su hija, muerta en Bergen-Belsen después de pasar ella misma por Auschwitz. Estaba también el italiano Primo Levi, quien escribió su testimonio del campo de exterminio, uno de los libros importantes del siglo XX: Si esto es un hombre. Es en otro de sus libros, sin embargo, donde narra el día de la liberación de Auschwitz. Estaba abandonado en una enfermería del campo. Eran en total 800 enfermos, de los cuales 500 murieron de frío, hambre y enfermedad durante los diez días que transcurrieron entre el día de la evacuación (17 de enero) y el día de la llegada de los rusos (27 de enero). Unos 200 más fallecieron en los días sucesivos, a pesar de la ayuda que les brindó el Ejército Rojo. Al final sobrevivieron solo 100, uno de ellos Primo Levi. “La primera patrulla rusa llegó a la vista del campo hacia el mediodía del 27 de enero de 1945”, escribió en La tregua. “Charles y yo fuimos los primeros en distinguirla: estábamos transportando a la fosa común el cuerpo de Sómogyi (…) Eran cuatro jóvenes soldados a caballo (…) Se detuvieron a ver a través del alambrado, intercambiando palabras breves y tímidas, y volviendo las miradas, ligadas a un extraño embarazo, sobre los cadáveres descompuestos, las barracas arruinadas y nosotros los pocos vivos (…) No saludaban, no sonreían; parecían oprimidos, además de la piedad, por una confusa reserva (…) Era la misma vergüenza que
nosotros conocíamos bien (…) la vergüenza que los alemanes no conocieron, aquella que el hombre justo siente ante la culpa cometida por los otros, y que le remuerde que exista, que haya sido introducida irrevocablemente en el mundo de las cosas que existen, y que su voluntad buena haya sido nula o insuficiente, y no haya podido salir a la defensa”.

El resto de los detenidos en el campo, alrededor de 58 mil judíos, habían sido evacuados diez días antes por los alemanes para ser conducidos —sin abrigo, sin alimento, a temperaturas de 30 grados bajo cero— hacia el interior de Alemania. La mayoría murió, unos sobrevivieron, entre ellos Elie Wiesel y Simone Veil, que recordarían esos días de muerte en sus memorias: La noche, de Wiesel, y Una vida, de Veil.

En Auschwitz murió más de un millón judíos. Entre abril y mayo de 1944 fueron exterminados 435 mil, provenientes en su mayoría de Hungría. Existían en Polonia otros campos similares, como Sobibor (donde murieron entre 200 o 300 mil judíos y sobrevivieron 58) y Treblinka (donde fueron exterminados entre 700 y 900 mil judíos y sobrevivieron menos de 100). Pero ambos fueron destruidos por los propios alemanes. Auschwitz sobrevivió la destrucción para ser el monumento al Holocausto. En él murieron más de 6 millones de hombres y mujeres, de los cuales un millón y medio eran niños. Algunos países fueron más afectados que otros. En Holanda y Grecia desapareció 80 por ciento de la población judía.

Las Naciones Unidas decretaron el 27 de enero día de memoria de las víctimas del Holocausto. Es el día en que debemos todos reafirmar nuestro respeto a la vida. En todas partes, y también en México.

ctello@milenio.com