Carta de viaje

Alfredo Di Stéfano

Entre 1953 y 1963, sus diez años de gloria, Alfredo Di Stéfano ganó con el Real Madrid ocho campeonatos y dos subcampeonatos en la Liga Española, y también cinco Copas de Europa.

Alfredo Di Stéfano fue velado el martes pasado en una capilla ardiente ubicada en el palco de honor del estadio Santiago Bernabéu de Madrid, en vísperas de los juegos de semifinales de la Copa del Mundo en Brasil. Lo velaron, entre otros, jugadores como Iker Casillas y funcionarios como la alcaldesa de Madrid y el ministro de Educación, Cultura y Deporte de España. Llegaron mensajes de todas partes. “Las leyendas nunca mueren, gracias por todo maestro” (Cristiano Ronaldo), “Hasta siempre, leyenda dentro y fuera del campo” (Lionel Messi), “Murió un grande de verdad, no solamente como jugador sino como persona” (Diego Armando Maradona), “Mi jugador favorito, el más completo que vi” (Joseph Blatter). También resurgieron las voces del pasado: “Uno de los mejores jugadores que he conocido y un futbolista extremadamente inteligente”, declaró Bobby Charlton, leyenda del Manchester United y goleador de la selección inglesa que ganó la Copa del Mundo en Wembley. Di Stéfano está hoy en el cementerio de La Almudena, en Madrid, y el mundo está volviendo a ver jugar a uno de los futbolistas más elegantes y más eficaces de todos los tiempos, conocido en sus tiempos con un nombre chabacano y legendario: La saeta rubia. Yo nunca lo vi jugar: en 1964 jugó su último partido con el Real Madrid (yo era un bebé de dos años). Pero me llegó de niño el eco de su fama.

Di Stéfano nació en 1926 en el barrio de Barracas, en Buenos Aires, hijo de padres de ascendencia italiana y francesa (su abuelo, nacido en la isla de Capri, se convirtió en el primer Di Stéfano en llegar a Argentina). En 1947, a los 21 años, Alfredo fue campeón con el River Plate y goleador del torneo de su país (27 tantos en 30 partidos), y luego ganador de la Copa América con la selección Argentina en Guayaquil (seis partidos y seis goles). Pero el azar lo llevó muy pronto a otras latitudes. Entre 1949 y 1953, a raíz de una huelga de jugadores en su país, Di Stéfano emigró a Colombia, donde jugó con un equipo que algunos tuvieron el privilegio de conocer: los Millonarios de Bogotá. Fue cuatro veces campeón y anotó 90 goles en 101 partidos oficiales. Poco después, el legendario Santiago Bernabéu, presidente del Real Madrid, lo vio jugar con los Millonarios en Europa. Y no lo olvidó. Di Stéfano sería desde entonces, nacionalizado español, goleador y leyenda del Real Madrid.

Entre 1953 y 1963, sus diez años de gloria, Alfredo Di Stéfano ganó con el Real Madrid ocho campeonatos y dos subcampeonatos en la Liga Española y ganó también cinco Copas de Europa (las cinco ganadas de manera consecutiva y las cinco con goles suyos anotados en la final: en París, Madrid, Bruselas Stuttgart y Glasgow). Anotó 307 goles en 403 partidos con su equipo. Fue ganador de dos premios Balón de Oro. Para llamar la atención sobre la situación de su país, según afirmó después, una guerrilla llamada Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Venezuela utilizó su fama, gigantesca y global, y lo secuestró por unas horas en Caracas.

Nunca pudo jugar en una Copa del Mundo: Argentina no acudió al Mundial de Brasil (1950) y Suiza (1954) y España no calificó para el Mundial de Suecia (1958), y luego, en el Mundial de Chile (1962), una lesión le impidió jugar con la selección española. Quizás eso lo marcó, le impidió tener la proyección que tuvo un jugador que por esos años emergió, el tricampeón del mundo: Pelé. Pues Di Stéfano era hasta entonces considerado el mejor jugador del mundo. El más grande, decían unos. En todo caso el primer grande del futbol. Una leyenda durante su propio tiempo, que protagonizó películas sobre su vida (La saeta rubia, de 1956, en que se interpretó a sí mismo). Siendo sobre todo ídolo de los aficionados del Real Madrid, la FIFA lo consideró después uno de los más grandes jugadores de la historia, junto con Pelé, Beckenbauer, Maradona y Johan Cruyff. Acaso habría que añadir a esa lista a un amigo suyo, su contemporáneo, el húngaro Ferenc Puskas, nacido en 1927, el siguiente año del de Di Stéfano, con quien formó la mejor delantera en la historia del Real Madrid.

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