Duda razonable

La vida después de “El Chapo”

La empresa de estudios de opinión pública Parametría tiene una serie de encuestas cuyas gráficas durante el sexenio de Felipe Calderón podrían ser aleccionadoras para el gobierno de Enrique Peña Nieto después del arresto de El Chapo Guzmán, el mayor triunfo del Estado mexicano contra la delincuencia organizada en décadas.

Parametría preguntó cada mes: ¿Quién va ganando la guerra contra el narcotráfico? Desde 2008 hasta 2012 la respuesta fue: los narcos. Todos y cada uno de los meses, salvo uno: diciembre de 2009. Las tendencias en ese mes se cruzan: 45 por ciento de los mexicanos pensó en ese mes que iba ganando el gobierno contra 43 por ciento que pensó que iba ganando el narcotráfico.

En diciembre de 2009 la Marina localizó, se enfrentó y mató a Arturo Beltrán Leyva. 

Puedo imaginar lo que sucederá con esa pregunta en estos días.

¿Qué hará el gobierno de Enrique Peña Nieto con el bono que acaba de adquirir? ¿Cómo utilizará el enorme capital político que el impecable operativo —desde la captura al anuncio— le ha dado?

Tal vez lo primero sería continuar la presión sobre los gobernadores y presidentes municipales. Se podría revivir la idea de una policía estatal, no solo “un mando” sujeto a vaivenes políticos y vulnerables acuerdos. El Chapo no estaba refundido en un hoyo en la montaña ni en el extranjero. Estaba en un condominio del malecón de Mazatlán y unos días antes en una zona lujosa en Culiacán. Si los políticos y policías locales no lo sabían, no sirven de nada. Si lo sabían, tampoco.

Si como todo indica la captura fue producto de la colaboración efectiva entre la Marina y los estadunidenses, tal vez sería tiempo de pedir a los estadunidenses seriedad en asuntos como el tráfico de armas hacia México, o en su costumbre de compartir inteligencia a pedacitos y con desconfianza.

El mejor mensaje del sábado es que el anuncio lo hizo el procurador, es decir, el brazo de la justicia y no el brazo policiaco del Estado. Y es ahí donde el gobierno puede utilizar su bono: en la construcción acelerada de un sistema de justicia que reduzca la impunidad gracias a la cual El Chapo se convirtió en el rey de la delincuencia mexicana.

Pero, sobre todo, el gobierno debe recordar que unas semanas después de Beltrán Leyva en Cuernavaca sucedió la masacre de Salvárcar en Ciudad Juárez.

El camino es largo y complicado.

dudarazonable@milenio.com

Twitter: @puigcarlos