Duda razonable

La vergüenza de la ciudad de los vagones rosas

Vivo en una ciudad en la que las mujeres no pueden viajar en el transporte público con los hombres.

Aquí, en la ciudad más liberal de América Latina, cuidamos a las mujeres, las cuidamos de los hombres, por eso ellas viajan solas. Como no sabemos convivir sin alburear, sin verles las piernas, sin agarrar, sin decirles “reina”, mejor las separamos. La Ciudad de México es tan progresista que les hemos creado una infraestructura solo para ellas: taxis rosas, vagones del Metro y del Metrobús de un solo sexo, camiones donde no suben hombres.

Y como el gobierno de la ciudad es tan generoso con ellas, ah, la condescendencia, para celebrar el Día Internacional de la Mujer, el jefe de Gobierno les regaló a las capitalinas otros cien camiones rosas, para que viajen seguras, y solas.

Todo porque no podemos con nosotros mismos, no nos hacemos responsables de lo que podamos hacer, les decimos “señoras, señoritas, aléjense de nosotros, viajen solas”.

Mancera destacó que la capital busca ser más amigable para las mujeres y las niñas, así como fortalecer los derechos de los ciudadanos, de las mujeres especialmente, su derecho a acceder al equipamiento y oportunidades que ofrece la ciudad para transitar con libertad y seguridad.

Los camiones rosas podrán hacer a algunas mujeres —tantas como quepan en 100 o 200 camiones— sentirse más seguras mientras viajan, pero no va a disuadir a ningún machín de gritarle “mamacita” a una mujer en cuanto pueda o toquetearla contra su voluntad, o violarla o golpearla. Lo harán en otro lado, en la banqueta, en el trabajo, en el salón de clases, en la casa.

Porque el respeto no se enseña separando hombres de mujeres.

Los vagones rosas no nos enseñan nada, si acaso pueden enseñar las lecciones incorrectas.

¿Qué piensa el niño de 6 años que viaja con su mamá en un vagón rosa? Que no hay convivencia respetuosa posible entre hombres y mujeres, que la violencia verbal o física o de la que sea hacia las mujeres es natural, por eso ellas viajan solas. ¿Y a la niña que viaja con su madre? Le estamos diciendo que los del sexo opuesto son neandertales, que se cuide de ellos, que no van a cambiar.

Incapaces de acabar con la violencia sicológica, verbal y física contra las mujeres, las encerramos en vagones rosas. Me da vergüenza.


Twitter: @puigcarlos