Duda razonable

Un valiente que gane 17 millones de votos

Ganar elecciones es muy complicado.

Para ser Presidente de México en 2018 habrá que juntar unos 17 millones de votos. Se dice fácil.

Revisé los números y la historia de nuestras últimas tres elecciones presidenciales frente a la avalancha de especulaciones sobre lo que los cambios del gabinete de Enrique Peña Nieto señalan sobre cuál será su decisión en un par de años.

Primero, el adversario: el PRI competirá en 2018 con un hombre, Andrés Manuel López Obrador, que ha logrado 15 millones de votos en las últimas dos elecciones presidenciales. López Obrador ha recorrido durante años cada esquina del país y es el político con mayor conocimiento del país. A esto hay que agregar que tiene un discurso —guste o no—. El tabasqueño no necesita presentarse o explicarnos lo que piensa. Para 2018 se ahorrará todos esos pasos.

Los tres últimos presidentes han seguido una receta similar. Se liberaron de sus encargos tiempo antes de que sus partidos decidieran a sus candidatos y se dedicaron a darse a conocer por todo el país. Aclaro que Fox no se liberó del encargo formalmente, pero estuvo en campaña los dos últimos años de su gubernatura. Es en ese tiempo en el que construyeron alianzas internas, consiguieron dinero, diseñaron su campaña y lograron subir su nivel de conocimiento.

El tema de las últimas tres campañas ha sido el cambio. La del 18, vista la situación económica y social, será parecida. ¿Cómo se puede hacer una campaña del cambio sin, de alguna manera, quitarse el sello del gabinete, "romper" con el pasado? ¿Cómo se quitan esos negativos? ¿Cómo pueden hacerlo, además, personajes que hoy tienen menos de 20 por ciento de reconocimiento nacional?

Y luego está la campaña. Las horas, los discursos repetidos mil veces, las fotos, los abrazos, los gritos, los viajes, todo sonriendo. Se necesita un individuo muy especial para aguantar eso, para amar eso y para ganar votos haciendo eso. Lo eran los últimos tres presidentes, lo tiene Andrés Manuel. Hemos visto funcionarios eficientes destrozados por una campaña, aun interna. Pregúntenle a Josefina Vázquez Mota o a Ernesto Cordero.

El presidente Peña Nieto sabe que la mejor calificación de su gestión será la elección de 2018. Y sabe que no es fácil juntar 18 millones de votos en una campaña de unos meses. Por eso yo creo que si bien su plan A está en el gabinete, el plan B está fuera de él. 

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Twitter: @puigcarlos