Duda razonable

Que sea la última Guelaguetza así…

Oaxaca. Ayer la megamarcha de la CNTE en la ciudad de Oaxaca contra la desaparición del Ieepo controlado por la sección 22 fue de 14 mil personas. Si descontamos las delegaciones de otros estados y algunas organizaciones sociales locales, tal vez unas 10 mil personas de la 22. Poco más de 10 por ciento de la organización, el contingente que recibe dinero para movilizarse.

Poco para el tamaño del golpe que han recibido. Una expresión de Rubén Núñez, líder de la 22, al final de la marcha resume, creo, el shock que vive la organización: propuso una mesa “fraternal” con el gobierno. Y repitió varias veces que “no están en guerra”.

Los próximos días son cruciales: se tendrán que formalizar las notificaciones a los integrantes de la 22 que dominan el viejo Ieepo, de que deben regresar a dar clases. Y al mismo tiempo se tendrá que construir, con imaginación, transparencia, un nuevo Ieepo que pronto tenga legitimidad.

El segundo frente es el de la propaganda al interior de pueblos y comunidades en el estado. El gobierno ha comenzado a repartir volantes en las comunidades explicando la decisión y acusando a la 22 de mentir. La 22 ha asustado a profesores de que perderán derechos laborales por la desaparición del Ieepo.

El tercero es el de la propaganda hacia fuera de Oaxaca. Son tiempos de Guelaguetza. La temporada más importante para el comercio de Oaxaca. De todos los niveles, de todos los precios. Hoteles, restaurantes, artesanos, comerciantes ambulantes, formales e informales. Los 15 días de Guelaguetza a muchos les permite sobrevivir meses.

Ha sido esta una mala Guelaguetza. El conflicto entre la 22 y los gobiernos asustó a turistas.

En los hechos no ha sucedido nada en las calles de la ciudad en estos 15 días. Calles abiertas, comercios ansiosos de vender, restaurantes listos. Mesa sin clientes, lugares semivacíos.

Curiosamente, encuentro buen ánimo.

Desde 2006, me dicen, esto ha sido una rueda de la fortuna. Los inversionistas no se atreven, los turistas o no vienen o cancelan según lo que leen. Los niveles de ocupación siguen abajo de 50 por ciento, en la medición anual.

Pero con esto, me dicen, esperamos que sea la última Guelaguetza así.

Eso depende de la voluntad del gobierno federal y de Gabino Cué.

Tal vez Rubén Núñez, desde su debilidad, tiene razón, una mesa “fraternal”, sin guerra; y que Oaxaca, por fin, tenga lo que merece.


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