Duda razonable

Una tuit-renuncia digna de un gobernador

Por si faltara un símbolo del fracaso de Michoacán como estado, ayer Fausto Vallejo renunció a su encargo —que ganó en las urnas con el voto de los michoacanos y juró frente al Congreso de su estado—, ante el Presidente de la República en la Ciudad de México y ante el periodista Joaquín López-Dóriga en Twitter.

A eso de la una y media de la tarde Fausto Vallejo escribió en su cuenta:

“Como me comprometí contigo @lopezdoriga y con toda la ciudadanía hacer del conocimiento de mi decisión, he sido recibido por el Pdte. @EPN. Le he informado que me retiro del @gobmichoacan para poder atender mi salud. Gracias por tus atenciones. @lopezdoriga”.

Unos 15 minutos después, a las 13 horas y 42 minutos, Alfonso Martínez, presidente del Congreso de Michoacán le dijo a Tania Díaz en MILENIO Televisión que no habían recibido notificación alguna, pero que ya habían visto el tuit de Vallejo anunciando a Joaquín de lo que le había informado al Presidente.

Quedará el episodio de ayer en los archivos de la historia de nuestro federalismo de pacotilla.

Termina de manera triste una etapa triste para Michoacán. Una más en la última década llena de violencia, impunidad, irresponsabilidad política y destrucción de instituciones.

De enero a hoy, el estado ha perdido a su gobernador, su secretario de Gobierno, su procurador y su secretario de Seguridad Pública. Eso sin mencionar a más de un puñado de alcaldes que han sido destituidos, arrestados o andan a salto de mata escondiéndose vaya usted a saber de qué.

El gobierno federal ha jugado una apuesta de futuro incierto en los últimos meses: construir un estado donde impere la ley con métodos alejados de la ley. Desde el nombramiento de Alfredo Castillo, sus colaboradores, el estira y afloja con las autodefensas, los extraños encarcelamientos por protección y ahora un gobernador que renuncia en Los Pinos.

Por alguna razón se ha negado al camino de la desaparición de poderes o alguna figura legal que dé bases más sólidas a su actuación. Ahora falta un año, solo un año para las elecciones que renovarán el poder público de la entidad. No hay tiempo de simulaciones. Hace un rato que Castillo manda, evidentemente no puede ser gobernador, pero otra figura decorativa no sería más que un estorbo.

Se acaba el tiempo. En un año los michoacanos deben poder decidir en paz y sin influencia de los delincuentes su futuro e intentar revertir en los próximos años esta tragedia.

dudarazonable@milenio.com

Twitter: @puigcarlos