Duda razonable

La transparencia en nuestra "Simunación"

Hace tres semanas se preguntó Héctor Aguilar Camín si México podría estar en medio de una “revolución moral” en cuanto al rechazo a la corrupción y el patrimonialismo burocrático. Una como la describe en su libro The Honor Code, Kwame Anthony Appiah.

Escribió Héctor en su columna del 12 de febrero que estas revoluciones son procesos en los que “costumbres, vistas por sus sociedades como parte del orden natural de las cosas, fueron transformadas, en lapsos muy cortos de tiempo, mediante una rápida transición de valores que invirtió la ecuación: hizo ver como vergonzosas prácticas que eran hasta entonces partes no escritas del  código del honor y la tradición”.

Por lo pronto, creo, estamos en un momento previo, por lo demás muy mexicano, el de la simulación.

La semana pasada, por ejemplo, Marcelo Ebrard presentó —es un decir— su declaración patrimonial. Es una carta en la que dice cosas tan raras como que paga de renta poco más de la mitad de su ingreso mensual y que no posee nada. No hizo Marcelo declaración de interés, ni nos enseñó sus declaraciones fiscales.

Algo similar habíamos visto con Miguel Ángel Mancera y el gabinete, todo, de Enrique Peña Nieto.

En la página legisladortransparente.mx, en donde Transparencia México y el IMCO facilitan formatos profesionales con base en la experiencia del mundo, solo siete de 628 legisladores han hecho sus tres declaraciones: patrimonial, de interés y fiscal.

En este mes he preguntado a varios servidores públicos de todos los ámbitos por qué no han aceptado la invitación del #3de3.

La respuesta más repetida es la de la seguridad —como si no tuvieran suficientes guaruras. He escuchado argumentos sobre “la privacidad”—como si no les encantara salir en Quién. Otros me han retado, como si yo recibiera dinero del erario, a que haga lo mismo; cosa que ya ofrecí. Una nueva es la del senador Javier Lozano, quien ya dijo que no hará público nada, y alegó que los legisladores no tienen conflictos de interés porque no ejercen recursos públicos. El chiste se cuenta solo, dicen en Twitter.

Quiero creer que estamos ante el inicio de la transformación de la que habla Appiah y reseñó aquí Héctor. Pero sé también que difícilmente será con estos protagonistas, los que por años, lustros, décadas, se han visto favorecidos por estos usos y costumbres.

Por eso solo siete de 628.

El resto, por lo pronto, simula.

 

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