Duda razonable

Réquiem para el TLC

El presidente Enrique Peña Nieto sigue optimista.

En su visita a Perú tocó el tema del Tratado de Libre Comercio frente a la intención de Donald Trump de renegociarlo, para lograr más beneficios para Estados Unidos.

Dijo el Presidente: “Hemos aprendido que el Nafta puede ser modernizado; pueden incorporarse elementos que cuando se signó este acuerdo no estaban considerados”. Al participar en el Panel “Rediseñando el Comercio”, en el contexto de la Reunión de Líderes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), Peña agregó: “Modernicemos Nafta. Hagamos de él un vehículo mucho más potente, un vehículo más moderno, que nos permita realmente consolidarnos, en esta reunión estratégica de México con los Estados Unidos y Canadá, como una región mucho más productiva y más competitiva frente al mundo”. El mandatario mexicano consideró que, en esta nueva etapa de la relación con Estados Unidos de América, “se abre una gran oportunidad”.

Este fin de semana, el Partido Demócrata de Estados Unidos eligió a su nuevo líder en el Senado, el neoyorquino Chuck Schumer, quien en su primera entrevista del domingo dijo que había muchos temas en que sus compañeros podrían trabajar con el presidente Trump. Uno de ellos, el TLC, que también quieren renegociar.

La declaración de Schumer es un buen recordatorio de que el tratado fue negociado por la presidencia de Bush, aprobado por el Congreso en tiempos de Bill Clinton, pero con una mayoría de votos en contra de demócratas.

Varios de ellos, que entonces estaban en la Cámara baja hoy son senadores, como Bob Menendez, Sherrod Brown, Jim Inhofe, Jack Reed, Bernie Sanders y el propio Schumer. Entre los pocos representantes republicanos que votaron no al TLC uno de ellos, Mike Crapo, ahora ya es senador.

Así que el próximo presidente quiere reabrir el tratado, la mayoría de los republicanos jugarán con él, también el liderazgo demócrata. Y según nos anunció el presidente Peña, él está dispuesto.

El TLC como hoy lo conocemos está muerto. La pregunta es si alguien contempla el costo para ambas economías frente a la incertidumbre de una nueva negociación y el parón de inversiones que esperarán las nuevas reglas.

Y, por supuesto, si el gobierno de México sabe qué quiere al final de este camino. Porque Trump y sus aliados lo tienen bastante claro.

Twitter: @puigcarlos