Duda razonable

La misión imposible de Donald Trump y el infierno que provocará

Hace un par de días, el gobernador de Texas, Gregg Abbot, anunció que se uniría con entusiasmo a la idea de Donald Trump de terminar con las llamadas ciudades santuario, aquellas donde la policía no pregunta estatus migratorio ni colabora activamente con las autoridades migratorias federales de Estados Unidos.

Eso, como ya lo han advertido otros, lo que pretende es crear un ambiente invivible para los migrantes indocumentados que los obligue a la autodeportación. Una población que viva con miedo.

Esa es la única manera real para disminuir el número de sin papeles en Estados Unidos. El sistema de justicia simplemente no puede, ni podrá.

Un estudio dado a conocer ayer por la Universidad de Syracuse pinta con precisión el peso del asunto migratorio en las cortes estadunidenses y la realidad de esa misión imposible que Trump se ha planteado.

Hoy en día, la migración sigue siendo el asunto principal de los esfuerzos federales de aplicación de la ley penal. Los últimos datos disponibles muestran que los procesamientos criminales por entrada ilegal, reingreso ilegal y violaciones similares de inmigración constituyeron 52 por ciento de todos los procesos federales estadunidenses en el año fiscal 2016. Durante los 12 meses que terminaron el 30 de septiembre, los juicios por inmigración totalizaron 69 mil 636. Este número se compara con solo 63 mil 405 procesamientos por todos los demás delitos federales —incluyendo drogas, armas, fraude y violaciones de los miles de otros delitos penales que el gobierno federal es responsable de hacer cumplir.

Es decir, los fiscales federales se dedican la mitad de su tiempo a perseguir migrantes. Ahora, si ese número ya dibuja una realidad complicada para la justicia estadunidense, peor es el número de casos pendientes, es decir, que aún no tienen su momento frente a un juez: 488 mil. Casi medio millón. 117 mil de éstos son mexicanos. Lo siguen salvadoreños (102 mil) y guatemaltecos (75 mil).

Es decir, el sistema no da para deportar a los millones que quiere Trump.

Por eso es que la apuesta es más gobernadores como el de Texas que hagan de la vida de los mexicanos y otros un infierno.

Twitter: @puigcarlos