Duda razonable

La tercera vuelta de AMLO

Para que nadie lo dude, si es que por ahí habrá algún despistado, Andrés Manuel López Obrador reiteró en un mensaje en Facebook que va por el 2018. La tercera es la vencida, dijo.

El mensaje llegó el día después de una demostración más de fuerza del dos veces candidato presidencial, colocando ahora a su partido como cuarta fuerza nacional en una intermedia, virtualmente empatado con el PRD; y conquistando en la ciudad que gobernó delegaciones y curules en la Asamblea. El Pacto por México le abrió a López Obrador y su Morena una avenida enorme para transitar como “única oposición” al proyecto reformista, signado ahora por los tres principales partidos. Los votos duros del antipeñismo, antipacto, antipartidos, antisistema estaban ahí para ser recolectados. Y los recolectó.

Ahora López Obrador enfrenta, en diferente circunstancia, el reto de cómo multiplicar ese voto, su voto duro, para volverlo a hacer competitivo en 2018. Hace una década, un buen ejercicio de gobierno en la capital y la ayuda de Vicente Fox obsesionado con apartarlo de la carrera presidencial impulsaron al tabasqueño a la recta final y el famoso medio punto porcentual que le faltó para llegar a Los Pinos. Aquel fue un ejercicio de zócalos llenos y gran difusión mediática.

Durante el sexenio calderonista, después de un tiempo de silencio posterior a la toma de Reforma que le restó simpatías en amplias franjas de la población, comenzó con una estrategia discreta pero a la postre efectiva, recorriendo municipio por municipio, pueblo por pueblo, con apariciones esporádicas en medios. Ya pensaba en su propio partido, pero al final compitió montado en la estructura del PRD y otros partidos más pequeños pero necesitados de votos. Cambió su discurso, habló de la felicidad y la reconciliación. Terminó segundo, más lejos que en 2006, pero en algún momento, dicen los encuestadores, llegó a amenazar al puntero.

El boom de los “anti”, Alfaro y Bronco, abre una veta para AMLO. La encuesta de salida de Parametría dice que un altísimo porcentaje de simpatizantes de Morena votó por el próximo gobernador de Nuevo León. Y seguramente habrá un perredismo que ahora se refugiará en el exitoso Morena. Y los 3 millones de votos traerán dinero suficiente para armar incipientes estructuras regionales.

Por lo pronto, frente al desastre panista y perredista, y la poca popularidad del Presidente y su gabinete, arranca como puntero.

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