Duda razonable

¡Que suba el mínimo! (No lo pagará la comentocracia)

Bien educados en el mejor de los reaganismos, admiradores de la economía de Bush y otros que han llevado al mundo a lo que es hoy, buena parte de nuestra comentocracia económica ama los mitos que llevaron al mundo al desastre financiero, perdón, a los desastres financieros y económicos de los últimos años.

No importa lo que nos haya pasado: nuestro magro crecimiento, el aumento brutal de la desigualdad en el país. Nada. La receta es la receta.

Somos de los países que menos recaudan en el mundo, pero les escandaliza el aumento de impuestos; somos de los que menos gastan (en relación al PIB) y se levantan las enaguas con anuncios de mayor gasto.

Como tienen por ahí un alma hipster, están apurados leyendo a Thomas Piketty, aunque no están dispuestos a asumir lo que dice el francés. Leyeron el informe de los Dos Méxicos de Mckinsey, pero no quisieron entender lo que dijo la consultoría: que un México depende y se debe al otro (y viceversa). Que la productividad y el éxito de uno también se deben al otro.

Para muestra un botón. Se le ocurre a Miguel Ángel Mancera decir que el salario mínimo es una ridiculez y ahí está alineada parte de la comentocracia como si fueran de The Wall Street Journal.

Dejo que lo explique Salomón Chertorivski, economista, miembro del gobierno de Mancera: “¿De qué estamos hablando? De 67.29 y 63.77 pesos diarios. 2 mil 18 pesos al mes, números redondos. El Coneval considera que el salario mínimo tendría que multiplicarse 5.2 veces para que cubriera las necesidades básicas de una familia, tal y como lo ordena la Constitución: ‘Los salarios mínimos deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos’. La OIT ha presentado, por ejemplo, que el trabajo manufacturero aumentó su productividad 10 por ciento entre 2007 y 2012. Y, no obstante, los salarios reales del sector se redujeron 2 por ciento en el mismo periodo. Pekín está ya 18 por ciento arriba de nosotros; Bogotá 20 por ciento, Lima 25 por ciento, Sao Paulo 100 por ciento arriba de nuestro salario mínimo por hora, para no hablar del primer mundo, cuyos salarios mínimos nos cuadruplican —Londres— o nos quintuplican, como Tokio y Nueva York”.

El salario de Pekín es 18 por ciento superior al nuestro. Alguien debería de avergonzarse.

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