Duda razonable

El regreso de Ahumada y la penitencia perredista

Dice Carlos Ahumada que él prestó al PRD, vía Rosario Robles como presidenta del sol azteca, 400 millones de pesos. Y quiere ahora cobrarlos, con todo e intereses que suman 120 más: 520 millones de pesos.

Y un juez del Distrito Federal, el undécimo, aceptó la diligencia de un particular que le trajo la sentencia de un juez de La Rioja, en Argentina, y la hizo suya enviando oficios a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y al INE para que embarguen el dinero del PRD.

Xavier Garza, secretario de Administración y Finanzas del PRD, no se anda con rodeos: “Carlos Ahumada antes era un pillo, hoy sigue siendo un pillo. El pagaré que motiva la demanda es una farsa”.

El pagaré, con fecha de 5 días antes de que Rosario Robles dejara la presidencia del PRD en agosto de 2003, es motivo de una denuncia penal por parte de la hoy secretaria de Desarrollo Social. Dice que Ahumada o alguno de los suyos le robaron documentos en blanco con su firma y aumentaron el supuesto compromiso. Curioso: el pagaré que convenció a la justicia argentina dice que el dinero debe ser pagado en Argentina y tenía vencimiento de 2011.

Cosas de la política: juntos contra Ahumada, ayer el PRD demandó a la titular de Sedesol por presuntos manejos políticos de los programas de asistencia social de su secretaría.

Según Garza, no hay rastro alguno de que el PRD tuviera esos ingresos en esos años. No están registrados en ninguna parte. Agrega que las cuentas del PRD fueron revisadas y aprobadas por el IFE en aquellos años. Hay que decir que 400 millones son muchos millones. Las prerrogativas del PRD este año son de 700, por poner un ejemplo.

Ya hay un amparo que provisionalmente protege al PRD y su dinero, pero el camino legal será largo, los recursos de Ahumada no son pocos y, después de todo, hay una firma.

Hace 15 años, y no fue Rosario Robles, el PRD hizo de Carlos Ahumada su mesías, su empresario favorito. Se paseaba por los estados, por las delegaciones gobernadas por el PRD como si fuera su jefe. Obtenía contratos, canonjías. Financió a decenas de candidatos y facilitó equipo y material para campañas. No fueron pocos los perredistas que pasaron por esas oficinas y recibieron ese dinero, muchos más de los que luego vimos en videos. Desde mucho antes de que Ahumada fuera un nombre conocido.

Lo de estos días no es más que un capítulo más de la larga, larga y merecida penitencia.

 

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