Duda razonable

La reforma electoral, la prisa y el batidillo

Una vez más, como ya sucedió en otro ciclo poselectoral, los partidos políticos que perdieron han orquestado un nuevo cambio de reglas electorales en la creencia de que fueron las leyes, y no ellos, los culpables de su derrota.

Hace seis años el PRD creyó que había sido la utilización de dinero en los medios lo que lo había llevado a la apretadísima derrota frente al PAN, ahora PAN y PRD creen que fue el excesivo gasto de campaña de Peña Nieto el que los derrotó en 2012. Y todos insisten en que es culpa de los institutos electorales locales que el PRI tenga hoy la gran mayoría de las gubernaturas. No hay demasiada evidencia dura de tales cosas, pero tan convencida está la oposición, que en su momento los puso como condición para transitar hacia otras reformas que el gobierno necesitaba con más urgencia.

En la prisa y ahora sin el concurso perredista, la nueva reforma parece un batidillo que no resuelve problemas fundamentales de la manera en que se hace política electoral y tampoco soluciona problemas reales de representatividad y control ciudadano de los políticos. Lo de la reelección solo con bendición partidista resulta una broma, aun y con la probable modificación mediante aviso previo de cambio de siglas a mitad del periodo.

Me detengo, por ejemplo, en lo que tiene ver con el dinero. El mucho dinero que distingue a nuestras elecciones y que lo ha pervertido todo. La reforma se centra en imponer castigo cierto a quien se pase del tope establecido. Pero olvida que, en la contabilidad oficial, el ganador de 2012 gastó exactamente lo que se le permitía. Seguramente seguiremos viendo en las próximas elecciones los ríos de dinero que por debajo de la mesa financian nuestras elecciones.

La reforma da nuevos plazos de estancia a consejeros electorales, pero no da solución al problema de su designación, enredo que en los hechos ha mantenido a un IFE cojo por muchos lapsos en los últimos meses.

Según el dictamen en discusión los reformistas repartieron autonomías —al Coneval, a la PGR— sin mucha reflexión ni herramientas que permitan transitar a instituciones sólidas, menos vulnerables y profesionales, que es lo que se necesita.

En fin, las prisas son siempre malas consejeras. Y combinadas con el resentimiento de los perdedores, pues todo mal.

dudarazonable@milenio.com o Twitter: @puigcarlos