Duda razonable

El rancio debate en telecomunicaciones

Tengo frente a mí una docena de invitaciones que en mi carácter de director editorial de MILENIO Digital me han hecho llegar en los últimos meses varias organizaciones gremiales, profesionales o de empresarios de medios de otras partes del mundo para congresos en los que se discutirán temas como los nuevos modelos de negocio para los medios, cómo atacar a la creciente audiencia en plataformas móviles, el fin de la televisión por cable, el declive acelerado de la publicidad tradicional en todas las plataformas… en fin.

Hay, allá afuera, un mundo y una industria instalada en el siglo XXI y tratando de imaginar cómo llegar (sana, viva) al XXII. La tecnología avanza mucho más rápido que cualquier solución imaginada. Lo que ayer parecía apuntar al futuro, hoy se ve viejo porque los consumidores, las audiencias tienen a la mano una nueva herramienta, un nuevo gadget, una nueva app. Los jóvenes ven la televisión a su tiempo y en sus aparatos móviles por donde, por cierto, llega un tercio de la audiencia de medios informativos. Hasta las computadoras la web tradicional parece cosa del pasado.

Ayer leí esto en el diario El País: “Netflix, la empresa estadunidense de distribución de películas y series de televisión online ha dicho que el servicio de internet en México es el más lento, solo por delante de Argentina, en la lista de 13 países en los que la compañía está presente. No hay datos de cuántos mexicanos pagan 99 pesos (7.6 dólares) al mes por ver Netflix, que suma más de 44 millones de abonados en todo el mundo, pero la empresa no encuentra en el país el soporte que necesita. Ver en México un capítulo sin interrupciones de House of Cards (su serie estrella) resulta casi imposible”.

Pero acá en México, atrapados en el siglo pasado, la discusión es quién “supervisa contenidos” —en serio, en 2014 este es el dilema mexicano; o quién va a comprar una cadena de televisión abierta; sí de esas que en el mundo están perdiendo audiencia.

Buena parte del grave problema de productividad y, por tanto, de crecimiento y empleo que padece el país tiene que ver con nuestro enorme rezago en conectividad e integración digital de los mexicanos.

Pero si uno pone atención al debate de los últimos dos días sobre telecomunicaciones, puede escuchar el inconfundible sonido del siglo pasado.

dudarazonable@milenio.com

Twitter: @puigcarlos