Duda razonable

Un plan Guerrero: legalicemos la amapola / y II

Guerrero es hoy en día el principal foco rojo en el país.

A la deriva en términos de gobernabilidad, inundado de sembradíos de adormidera, con decenas de municipios gobernados por narcopolíticos y pletórico en conflictos sociales. Lo saben en el gobierno federal y saben que tienen que actuar tan pronto y pase la elección.

Pieza fundamental es qué hacer con la adormidera. Guerrero es el principal productor del país que se ha vuelto el mayor proveedor de opio para Estados Unidos.

Estrategias tradicionales, como amplios programas de erradicación y sustitución subsidiada de sembradíos, han mostrado su ineficacia en el pasado en otros estados del país, además de criminalizar a campesinos y otras poblaciones de por sí entre las más vulnerables.

Hay otro camino.

Ayer escribí que el mundo está en una seria crisis de dolor. La guerra contra las drogas ha producido una escasez de medicamentos para paliar el sufrimiento de decenas de millones de personas enfermas. La Organización Mundial de la Salud ha alertado desde hace años sobre el asunto y califica como derecho humano fundamental el acceso a medicamentos para aliviar el dolor. En México el asunto es igual de grave, como lo documentó el año pasado Human Rights Watch.

Dieciocho países del mundo producen amapola legalmente. Esa producción la controlan las grandes farmacéuticas del mundo. Es un buen negocio para todos.

Hace dos años, a petición del gobierno guatemalteco, la Fundación Beckley, especializada en investigación sobre asuntos de política de narcóticos, hizo una recomendación al gobierno centroamericano de cómo podría legalizar la siembra de adormidera en aquel país. En resumen proponía crear una comisión integrada por académicos, personal de las fuerzas de seguridad, expertos del sector agricultor, científicos, representantes de los campesinos de la zona, entre otros, para diagnosticar la magnitud y características del fenómeno. Trabajar de la mano de la ONU en la implementación del programa para que éste se inserte en las metas planteadas en varios programas de la organización. Implementar con la asesoría y ayuda de empresas farmacéuticas con experiencia en el producto. Comenzar con un programa piloto geográficamente limitado y bien definido que, de inicio, se dedique a producir medicamentos para el mercado doméstico antes de incursionar en el de exportación.

¿Por qué no intentarlo?

*Esta columna regresa la semana de Pascua.

 

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Twitter: @puigcarlos