Duda razonable

La peor debacle de aquel 1994

Más allá de las tragedias puntuales de hace 20 años: los muertos que trajo la guerra en Chiapas, las muertes de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu, siempre he pensado que nada fue tan dañino, embarazoso, devastador para el país que la actuación de la justicia mexicana.

Rápido recordatorio para los muy jóvenes o los que hacen como que no se acuerdan: hubo un momento que la Procuraduría General de la República de México, el país en el que usted y yo vivimos, había puesto todas sus esperanzas para resolver el crimen del siglo en los dichos de una vidente a la que le pagaba miles y miles de pesos por decirle quién y cómo había asesinado a José Francisco Ruiz Massieu.

Cierto que la PGR había sido siempre gris, manoseada políticamente —¿se acuerdan del muertito que le plantaron a La Quina?—, pero el de Miguel Montes, Olga Islas, Mario Ruiz y, sobre todo, Pablo Chapa; con sus procuradores Valadés y Lozano, es de los periodos más oscuros de nuestra historia reciente. Múltiples tiradores, múltiples conspiraciones, De Tranquilino a Othón, pasando por El Lentes y El Clavadista.

La institución responsable de aplicar la justicia en México filtró activamente en la prensa el supuesto testimonio de un miembro del Ejército mexicano, un mayor, que declaraba que había sido testigo de cómo el hermano de un Presidente había matado a batazos a su cómplice en el asesinato de su cuñado.

Esa era la PGR en que el presidente Salinas nombró encargado de investigar la muerte de su hermano a Mario Ruiz Massieu, quien pocos meses después fuera acusado por el mismo gobierno mexicano de enriquecerse de manera ilícita, detenido en Estados Unidos mientras intentaba fugarse a Europa y quien después de suicidara en una cárcel de Nueva Jersey.

Esa era la Procuraduría General de la República.

He leído en estos días reiteraciones de algunos fanáticos de las teorías de la conspiración.

Las teorías de la conspiración son siempre producto de las mentes más simples, las que buscan zonas de confort, explicaciones como mapas.

Lo de 1994 y la justicia mexicana es más complicado y es peor que cualquier complot. Fue la revelación de nuestra absoluta incompetencia, falta de profesionalismo, corrupción como sistema y el desdén por el servicio público, la verdad, el país y por los otros.

Y al 94 hay que verlo preguntando cuánto es diferente hoy.

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Twitter: @puigcarlos