Duda razonable

El papa peronista (incluye cita de Caparrós)

Vivo en una ciudad en que las personas del mismo sexo pueden casarse. En la que las mujeres que así lo decidan pueden interrumpir el embarazo. En donde uno puede decidir y poner en un papel su “voluntad anticipada”.

Me lo he repetido después de volver a leer aquello que Bergoglio escribió a sus obispos argentinos cuando se intentaba legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo en aquel país: “No se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios; no se trata de un mero proyecto, sino de una ‘movida’ del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios”.

Me lo he repetido cuando veo como “regresamos a los años de los Te Deums y las consagraciones religiosas del poder, que fue lo que Juárez y los liberales de su generación quisieron evitar. A partir de ahora, ¿cómo podrá hacer el Presidente para convencernos de que respetemos las leyes cuando él flagrantemente les da la vuelta?”. Como bien escribió aquí Roberto Blancarte.

Y en mi abatimiento recurro a Martín Caparrós, algo que sugiero hacer muy seguido, y leo aquello que escribió hace unos años: “La Iglesia de Roma siempre fue el modelo, la inspiración del peronismo. Una institución aparentemente perenne incombustible, capaz de adaptarse a cualquier circunstancia, dirigida por un jefe omnipotente, servidora de los ricos pero sostenida por los pobres, repartidora de bienes y prebendas, que funcionó bien cuando era perseguida y mucho mejor en el poder, en cualquier forma del poder y, sobre todo, que todavía mantiene su poder porque consigue convencer al mundo de que tiene poder…”.

“Todo va y viene: ahora la Iglesia de Roma, gran inspiradora del ¿peronismo?, se consiguió un jefe ¿peronista? para tratar de recuperar su poder en franco declive: para intentar el sistema AveFélix. La Roma llevaba años cayendo, perdiendo fieles, fidelidad, respeto: cada vez más personas la pensaban como un refugio de pederastas protegido por banqueros corruptos e inquisidores trogloditas, último búnker de una supuesta moral hipócrita y arcaica. Así que necesitaban demostrar que ése no era el verdadero peronismo —digo: catolicismo— y echaron al alemán principista y llamaron al argento canchero. Jorge Bergoglio, entonces, puso en marcha el proceso: insistiendo en que la Iglesia no es eso que es, que es otra cosa, que se había desviado y que él va a devolverla a su antiguo camino: AveFélix puro. Lo suyo es meritorio”.

Pues eso.

 

Twitter: @puigcarlos